El Sevilla, con GabrielSuazo y Aleis Sánchez como titulares cayó 0-1 ante el Celta de Vigo, pero pudo mantener la categoría, lo que hasta hace un par de fechas parecía imposible. Toda la prensa española coincide en que fue el último partido del tocopillano en l Madre Patria y que se viene su regreso a Chile
El Sevilla FC despidió la temporada como la comenzó. Perdiendo. Dando una imagen pobre, de equipo ramplón y sin recursos que hinca las rodillas a poco que lo aprieten. Al Celta le bastó un solitario gol de Ilaix Moriba en la segunda parte, previa cantada de Nyland, para certificar su objetivo y tumbar sin despeinarse a los nervionenses (1-0). No sirve de excusa que Luis García Plaza hiciera media docena de cambios en su alineación para dar chance a algunos de los menos habituales y a otros que decían adiós al escudo, caso de Azpilicueta, Alexis o el portero noruego. En Vigo, menos mal que sin consecuencias, el Sevilla perpetró su feo broche a la liga, el de un equipo que se ha vuelto a salvar de verdadero milagro y tras perder la friolera de 19 partidos en el campeonato, justo la mitad. Una barbaridad. Como el año pasado, termina a un solo punto del descenso.
Tras el encuentro en las Rías Baixas, el Sevilla, o eso esperan sus fieles, quiere dar portazo a un trienio negro en lo deportivo, económico e institucional. Las horribles decisiones de sus dirigentes durante este tiempo han lastrado la tesorería y lapidado a un equipo que viene sudando la gota gorda para esquivar el averno de la Segunda división desde 2023, ininterrumpidamente, curso tras curso, un partido detrás de otro. Insufrible. Una injusticia sin sentido ni fundamento para el sevillismo.
Vigo debe ser paraje de inflexión, el punto de partida para una reconstrucción que, la impulse quien la impulse, ya sea Sergio Ramos, un mexicano, el argentino, los fondos estadounidenses o las familias de Utrera, será durísima y necesitará todo lo que no hay en Nervión: tiempo y dinero. Porque a este Sevilla, huérfano de fútbol y sin presente ni rumbo desde hace tiempo, le ha quedado sólo el escudo, su gente para protegerlo a muerte y, quizá, un grupo de canteranos que al menos ha sacado agallas por esos mismos colores.
Al partido salió con más determinación un Celta obligado a amarrar su posición de Europa League. Se notaba de inicio el equipo que se jugaba algo, con Balaídos lleno hasta la bandera. Los de Claudio Giráldez trataron de volcar el juego en campo sevillista, haciendo bastante daño por el costado derecho con las incursiones de un Javi Rueda que ponía en aprietos a Suazo y obligó a Nyland a calentar los guantes desde los primeros compases.
Swedberg también exigía por su flanco, apretando a Carmona y colocando algún centro peligroso, pero lo cierto es que la defensa del Sevilla mantenía siempre la solidez desde la jerarquía de Azpilicueta y un Kike Salas que ha acabado la temporada como el gran líder de este Sevilla, el canterano que maduró y se elevó a su mejor versión justo cuando la institución se ahogaba desde la endeblez de una retaguardia que hacía aguas por todos los lados empujando al club a Segunda. Borja Iglesias y Aspas quedaron borrados por el medio ante el muro de los centrales sevillistas, donde faltó otro pilar para la esperanza de los nervionenses como Andrés Castrín.
Con la situación controlada desde la seriedad táctica, Luis García Plaza instó a los suyos a que se animaran más en ataque, que aprovecharan la inmovilidad de los pivotes locales para avanzar. El técnico también pedía mayor activación a Oso, si bien las mejores llegadas sevillistas terminaron por llegar desde el otro costado, el derecho, primero con una gran acción personal de Peque cuyo disparo no encontró portería por poco y luego con otro buen lanzamiento de Isaac. El Sevilla fue claramente mejor que su adversario en el tramo final de la primera parte, donde además disfrutó de la mejor ocasión hasta el momento por medio de un remate desde el suelo de Alexis ante el que respondió con muchos reflejos Radu.
Sin goles en Balaídos, con el Sevilla transmitiendo buenas sensaciones, se marchaba el partido al intermedio. Inexplicablemente, el equipo de García Plaza se iba a descomponer a su paso por vestuarios. Fue reanudarse el partido y aparecieron los errores individuales y la desconexión generalizada.
Carreira estrelló un balón en la madera para poner patas arriba Balaídos y justo en el siguiente ataque local Ilaix Moriba batió a Nyland desde treinta metros aprovechando una cantada tremenda del portero noruego, que se comió el último bote del balón de manera un tanto circense. Feo adiós de Nyland al Sevilla. García Plaza reclamó una falta previa en el gol. El árbitro mandó a seguir.
El petardazo coral de los nervionenses pudo ir a peor si instantes después Borja Iglesias no llega a fallar a puerta vacía el 2-0. También tuvo en sus botas el segundo de los gallegos Swedberg tras otra pérdida absurda de los nervionenses. Difícil encontrar una explicación al cambio de imagen del Sevilla de una parte a otra. La inconsistencia de todo un proyecto encarnada en un equipo extremadamente mediocre. García Plaza movió el banquillo tirando de toda la pólvora a su disposición, pero el intento a la desesperada del técnico de reanimar a los suyos se quedó en nada. Apenas Gudelj en el epílogo pudo generar una buena ocasión. Lo mejor, que el Sevilla es de Primera.
Se va otra tediosa e infartante liga con el Sevilla logrando sobrevivir a sus demonios. Con el pitido final de Hernández Maeso en Balaídos, no hay un segundo que perder para acometer la reconstrucción integral. El Sevilla tiene que decidir en la semana más importante de su historia contemporánea si vende o no la sociedad a Sergio Ramos y su holding Five Eleven. No puede esperar más. Para bien o para mal, necesita imperiosamente el desenlace. Y arrancar. Despegar de una vez. Porque el club, inmerso en una terrorífica parálisis, ya va tarde para todo. Hay que planificar, definir o ratificar director deportivo y entrenador, y salir al mercado otra vez con economía de guerra para cambiar tres cuartos de la plantilla, haciendo malabarismos con la caja y el límite salarial. Así será, a corto medio plazo, mande quien mande. Que nadie se lleve a engaño.

/Escrito por Fran Montes de Oca para ABC Sevilla

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