El arbitraje chileno volvió a tener presencia en la máxima cita del fútbol mundial gracias a Cristián Garay.
Tras doce años de ausencia de jueces nacionales en una Copa del Mundo, el árbitro chileno hizo su debut en el Mundial 2026 de Estados Unidos, México y Canadá, convirtiéndose en el único representante del país en el torneo más importante del planeta. Su estreno llegó en el compromiso entre Canadá y Qatar por el Grupo B, disputado en el Estadio BC Place de Vancouver, un encuentro que terminó con una contundente victoria canadiense por 6-0, pero que estuvo lejos de ser un trámite sencillo para quien impartía justicia.
Si hubiera que resumir la primera actuación mundialista de Garay en una sola palabra, probablemente sería «intensa». El chileno no solo debió administrar un partido marcado por la amplia diferencia futbolística entre ambos equipos, sino que además enfrentó problemas técnicos, intervenciones constantes del VAR, decisiones polémicas, expulsiones y una grave lesión que terminó condicionando el desarrollo emocional del encuentro.
La tensión comenzó incluso antes del pitazo inicial. Durante el sorteo protocolar en el BC Place, Garay evidenció mediante gestos y señas que no estaba recibiendo correctamente las instrucciones provenientes de la cabina del VAR. Una situación poco habitual para un árbitro que debutaba en el escenario más exigente del fútbol mundial y que obligó a las autoridades de FIFA a intervenir rápidamente para solucionar el inconveniente antes del inicio del partido.
Una vez superado ese contratiempo, la acción dentro del terreno de juego no tardó en poner a prueba al juez nacional. El primer episodio de relevancia ocurrió a los 32 minutos, cuando el defensor qatarí Homam Ahmed derribó a Tajon Buchanan en una acción muy cercana al área. Garay sancionó inicialmente lanzamiento penal, pero la intervención de su compatriota Juan Lara desde la sala VAR modificó por completo el escenario.
Tras la revisión correspondiente, se determinó que la infracción había ocurrido fuera del área, por lo que el castigo correcto era tiro libre y tarjeta roja para el defensor. La jugada provocó una fuerte reacción en la transmisión oficial del encuentro, donde los comentaristas cuestionaron duramente la apreciación inicial del árbitro chileno.
«¡Ah, bueno! Es una locura, yo voy a lo primero y es que no hay falta, pero para nada, no hay falta para nada», señalaron durante la emisión. Las críticas continuaron con dureza: «¿Dónde está la falta? ¿Cómo vas a echar a un jugador por esto? Yo voy a lo primero… ¡Pero está lejísimos de lo primero! No hay contacto, ¿acaso no se puede marcar en el fútbol ahora? Un desastre Garay, eh, no hay falta».
Más allá de la controversia mediática, la tecnología terminó respaldando parcialmente la decisión disciplinaria del chileno al ratificar la expulsión, aunque corrigiendo la ubicación de la infracción. Fue una de esas acciones que reflejan cómo el arbitraje moderno ya no depende únicamente de la percepción instantánea del juez principal, sino también de la capacidad para integrar la información entregada por el sistema de asistencia arbitral.
La complejidad del encuentro no terminó allí. Con Canadá dominando ampliamente las acciones, los jugadores locales reclamaron posteriormente dos posibles penales que Garay decidió no sancionar, determinaciones que generaron cuestionamientos entre los aficionados y aumentaron la sensación de un partido permanentemente bajo revisión.
Sin embargo, el momento más delicado de la noche llegaría en el segundo tiempo. A los 51 minutos, una dura entrada de Assim Madibo sobre Ismael Koné terminó con una grave lesión para el futbolista canadiense, quien sufrió la fractura de su pierna izquierda. En primera instancia, Garay mostró tarjeta amarilla al infractor, pero la magnitud de las consecuencias de la acción y la evaluación posterior de la jugada lo llevaron a modificar su decisión y expulsar al mediocampista qatarí.
La secuencia volvió a instalar el debate sobre la interpretación arbitral en jugadas de fuerza excesiva y sobre la importancia que adquiere la revisión de las acciones cuando las consecuencias físicas evidencian el verdadero alcance de una infracción. Para Garay, significó otro examen complejo dentro de una noche cargada de episodios determinantes.
Con el paso de los minutos, la frustración de Qatar fue creciendo al mismo ritmo que aumentaba la superioridad canadiense. Los jugadores asiáticos reclamaban constantemente a sus rivales que disminuyeran la intensidad del juego ante un marcador ampliamente desfavorable, una petición que los anfitriones rechazaron. Canadá mantuvo la presión y la agresividad ofensiva hasta el final, buscando ampliar una diferencia que incluso pudo ser superior al 6-0 definitivo.
La tensión acumulada durante los noventa minutos terminó trasladándose a los bancos de suplentes. Tras el pitazo final, el entrenador de Qatar, Julen Lopetegui, encaró al seleccionador canadiense Jesse Marsch, reprochándole la actitud competitiva que había mostrado su equipo pese a la amplia ventaja en el marcador. El intercambio provocó un conato de incidente que reunió a jugadores y miembros de ambos cuerpos técnicos, aunque la situación logró desactivarse sin consecuencias mayores.
Así, el debut de Cristián Garay en un Mundial estuvo lejos de ser una jornada tranquila. Problemas de comunicación, decisiones corregidas por el VAR, expulsiones, una lesión de extrema gravedad y un clima de creciente tensión marcaron una actuación que exigió al máximo al árbitro chileno. Más allá de las críticas y controversias, el encuentro representó una prueba de fuego para el juez nacional en el escenario más importante del fútbol internacional. Ahora resta esperar si la Comisión de Árbitros de FIFA considera que superó satisfactoriamente este exigente examen y le entrega una nueva designación en el Mundial 2026.
/Francisca Suazo. Video: Espn

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