Al Manchester City solo le bastaron cinco minutos para inaugurar el marcador. Como no podía ser de otra forma, Erling Haaland hizo gala de su velocidad punta para plantarse frente al portero. Con esa sangre fría que caracteriza al noruego, se tomó una pausa antes de definir con un ‘sombrero’ sutil por encima del guardameta, enviando el balón al fondo de la red y abriendo brecha en el marcador.
El Burnley compitió con garra e incluso generó un par de ocasiones de peligro, pero tenía por delante un trabajo duro y frustrante. Aguantar las constantes acometidas del rival y correr tras el balón sin descanso, a la espera de un error ajeno que les permitiera castigar con una transición rápida.
Se iba a notar mucho el trabajo de pizarra de Pep. Bernardo Silva, que iba a lograr el récord de más victorias por cualquier jugador de la historia del City, iba a orquestar la superioridad aplastante, asfixió la salida del Burnley mediante una presión alta en tres cuartos de campo que les impedía encadenar dos pases seguidos. Dominando las segundas jugadas y los balones divididos, los citizens monopolizaron la posesión, traduciendo su control táctico en un dominio absoluto del encuentro.
Aguantar el resultado
Sin embargo, los locales lograron resistir el envite tras el gol tempranero, manteniendo la diferencia mínima durante el resto de la primera mitad. Con este ejercicio de resistencia, el Burnley consiguió llegar al descanso con el encuentro todavía ‘vivo’ de cara al segundo tiempo.
En el segundo tiempo, el nivel y la intensidad del encuentro decayeron notablemente. Al City le faltó finura en el último pase y precisión en los disparos lejanos, lo que provocó la evidente desesperación de un Guardiola visiblemente enfadado en la banda. Pese a la falta de puntería, el monopolio del balón siguió perteneciendo al bando visitante.
Los visitantes renunciaron a la verticalidad para priorizar el control del balón. Sin embargo, en una jugada enmarañada, llena de rebotes y toques rápidos, el esférico terminó en las botas de Haaland. El noruego conectó un disparo que se estrelló directamente en el poste, protagonizando la ocasión más clara de una segunda mitad falta de puntería.
El Burnley generaba mucho peligro a balón parado, aprovechando el guante de un especialista como Ward-Prowse. Sus centros milimétricos causaron estragos en la defensa citizen; en varias ocasiones, el balón quedó muerto en el área pequeña, a punto de ser rematado por Anthony para desesperación de la zaga visitante.
No era el día del City de cara a puerta; pese a registrar 28 remates totales y 9 de ellos entre los tres palos, fue incapaz de hacer sangre y sentenciar el choque. El Burnley tuvo la última esperanza en un saque de esquina agónico para intentar evitar el descenso. Subió incluso Dubravka, su guardameta a rematar, pero no lograron cazar el empate y, acto seguido, el colegiado señaló el final. Fue el desenlace más amargo posible para los locales.
/Marca

Facebook
Twitter
Instagram
YouTube
RSS