El irlandés Troy Parrott anotó su primer gol como verdiblanco y el arquero Álvaro Valles completó la hazaña al detener un penalti a Mbappé en los descuentos
El Real Betis Balompié protagonizó una de esas noches que quedan instaladas en la memoria de sus aficionados. En un partido condicionado por un calor asfixiante, por el desgaste físico y por un desenlace sencillamente extraordinario, el conjunto dirigido por Manuel Pellegrini derrotó por 1-0 al Real Madrid gracias a un gol de Troy Parrott y conquistó tres puntos de un valor enorme.
Fue una victoria construida desde la resistencia, pero también desde la inteligencia futbolística. El Betis entendió que no podía disputar el partido desde un intercambio permanente de golpes y encontró en la posesión de la pelota su mejor mecanismo de supervivencia. Con Isco como eje, Antony generando profundidad y Fornals junto a Bernal encontrando espacios para construir superioridades, el equipo verdiblanco consiguió transformar el encuentro en una sucesión de pequeños partidos en los que el control del balón adquirió una importancia decisiva.
El desenlace, sin embargo, estuvo cargado de dramatismo. Después de que Parrott marcara el 1-0 en el minuto 81, el Madrid se lanzó desesperadamente en busca del empate. Mbappé estrelló un balón en el larguero, Espí consiguió marcar pero su tanto fue invalidado por un fuera de juego previo y, cuando parecía que la agonía bética todavía podía prolongarse, Hernández Hernández sancionó penalti por una caída de Vinícius ante Natan.
Entonces apareció Álvaro Valles.
El arquero sevillano adivinó la intención de Kylian Mbappé y detuvo el lanzamiento en el tiempo de prolongación, provocando una explosión de alegría en La Cartuja. El Madrid todavía dispuso de una última oportunidad, pero nuevamente Valles respondió. El pitazo final certificó una victoria que el Betis celebró como corresponde a esos triunfos que trascienden los tres puntos.
Y el mérito adquiere todavía mayor dimensión por el contexto. Los verdiblancos venían de recibir una dura goleada ante el Levante y habían quedado envueltos en algunas dudas después de los movimientos del mercado. Sin embargo, el fútbol volvió a demostrar su capacidad para cambiar rápidamente los estados de ánimo. Una semana que había comenzado con cierto malestar terminó convertida en una celebración gigantesca.
Además, el Betis puede presumir de haber sido el primer equipo capaz de derrotar al Real Madrid de José Mourinho en esta segunda etapa del entrenador portugués. Un dato que añade todavía más valor a una noche que ya tenía suficientes ingredientes para convertirse en inolvidable.
El balón como refugio frente a un calor extremo
El encuentro también tuvo una dimensión física que condicionó prácticamente cada decisión. El calor convirtió cada carrera en un esfuerzo adicional y obligó a los dos equipos a administrar sus energías con extremo cuidado. La temperatura no fue simplemente un elemento ambiental: terminó adquiriendo una influencia táctica evidente.
Durante los primeros minutos, el Madrid pareció adaptarse mejor a esas condiciones. El conjunto de Mourinho presionó más arriba y encontró en Arda Güler a su futbolista más difícil de controlar. El turco apareció entre líneas, se movió constantemente y encontró espacios para conectar con Vinícius y Mbappé.
Álvaro Valles tuvo que intervenir muy temprano ante Huijsen y posteriormente Vinícius desperdició una ocasión clarísima después de recibir un pase de Güler. Su remate se marchó fuera, rozando incluso el poste exterior, cuando la portería bética había quedado prácticamente desguarnecida.
Pero ese dominio inicial comenzó a desaparecer alrededor del cuarto de hora. El Betis encontró a Isco y, con el malagueño entrando en contacto permanente con la pelota, modificó completamente el escenario.
La posesión dejó de ser un mecanismo meramente ofensivo para transformarse en una herramienta de supervivencia. El Betis necesitaba tener el balón porque, bajo semejante temperatura, hacer correr al Madrid detrás de él significaba también impedir que el rival pudiera imponer su ritmo.
Antony probó en dos oportunidades a Courtois y Cucho Hernández finalizó fuera una buena combinación colectiva. El conjunto de Pellegrini ya no sufría el dominio madridista. Por el contrario, comenzó a administrar el partido a partir de posesiones largas, buscando reducir la cantidad de transiciones y, sobre todo, evitando quedar expuesto a carreras constantes.
El problema aparecía cada vez que perdía la pelota.
Ahí comenzaba otro encuentro. El Madrid tenía jugadores capaces de convertir una recuperación en una ocasión de gol en apenas unos segundos y el Betis no podía sostener durante demasiado tiempo una presión agresiva. La temperatura hacía que cada esfuerzo defensivo tuviera un costo mayor.
El encuentro también sufrió un contratiempo importante con el choque cabeza con cabeza entre Marc Roca y Llorente. El central madridista terminó con un corte y problemas en la zona nasal, debiendo abandonar el terreno de juego para dejar su lugar a Bartra.
A partir de entonces, el Madrid volvió a encontrar espacios. Vinícius y Mbappé desperdiciaron una ocasión extraordinaria después de un balón largo de Bellingham. Natan intervino primero y Bartra completó posteriormente la acción defensiva, despejando con el pecho cuando Valles ya no estaba bajo los tres palos.
El guardameta bético volvió a convertirse en protagonista ante un cabezazo de Bellingham y, poco después, Huijsen estrelló otro testarazo en el larguero.
El 0-0 del descanso no reflejaba completamente todo lo ocurrido, pero sí explicaba la falta de precisión de ambos equipos en las áreas. El Madrid había tenido oportunidades muy claras y el Betis había conseguido equilibrar el partido desde el control de la pelota.
Pellegrini resiste, administra y espera su oportunidad

La segunda mitad mantuvo inicialmente la misma lógica. Mbappé buscó la definición después de combinar con Vinícius y Antony respondió con un disparo elevado desde la frontal.
Pero en el minuto 53 ocurrió una acción que pudo cambiar definitivamente la historia del encuentro.
Güler, que ya había sido amonestado, perdió la pelota y cometió una falta muy clara sobre Marc Roca. Hernández Hernández decidió no mostrarle la segunda tarjeta amarilla, en una decisión que generó evidente polémica. Mourinho tampoco tardó demasiado en reaccionar y terminó retirando al turco del terreno de juego.
La acción fue especialmente relevante porque el Madrid se vio obligado a continuar administrando a uno de sus jugadores más influyentes bajo una situación disciplinaria delicada.
Mientras tanto, el desgaste comenzaba a hacerse cada vez más evidente. Los entrenadores entendieron que el banco de suplentes podía convertirse en un factor determinante y comenzaron a mover sus piezas.
Mourinho refrescó al Madrid con Alexander-Arnold, Bernardo Silva y Diomande. Pellegrini respondió con Fidalgo, Deossa y, posteriormente, Troy Parrott. Más tarde también ingresó Riquelme en reemplazo de Antony.
El Madrid seguía teniendo capacidad para generar peligro. Mbappé obligó a Valles a intervenir con un disparo que el arquero resolvió correctamente. Pero el Betis había asumido otra estrategia: resistir, controlar los tiempos y esperar el momento adecuado.
Pellegrini no necesitaba que su equipo dominara permanentemente. Necesitaba que llegara vivo al tramo final.
Y llegó.
El partido avanzaba hacia el último cuarto de hora con una sensación inequívoca: un detalle podía definirlo todo.
Ese detalle apareció a través de un córner.
Deossa cazó una pelota en el área y obligó a Courtois a realizar una intervención extraordinaria. Pero el rebote quedó exactamente donde debía estar un delantero centro.
Parrott reaccionó antes que todos.
El irlandés controló la situación, definió con la derecha, a bocajarro y con enorme calidad, y marcó el 1-0 en el minuto 81.
GOL DE BETIS AL REAL MADRID EN EL MINUTO 80
SE ACABO LA LIGA… pic.twitter.com/zXlVwAFcvF
— LaVozGalactica (@Lavozgalactica) September 4, 2026
Era su primer gol con la camiseta verdiblanca y difícilmente podía haber escogido un escenario más apropiado.
Parrott marca, Valles levanta un muro y La Cartuja explota

A partir del gol comenzó otro partido.
El Madrid se lanzó con todo sobre la portería de Valles. La posesión dejó de ser un instrumento de control para convertirse en un arma de asedio permanente. El Betis tuvo que replegarse y aceptar que los últimos minutos serían una batalla de supervivencia.
Mbappé estuvo a centímetros del empate con un balón picado que terminó estrellándose contra el larguero.
Poco después, Espí consiguió enviar la pelota al fondo de la red tras un centro de Vinícius. La celebración madridista, sin embargo, quedó rápidamente anulada por la intervención del árbitro asistente: existía un fuera de juego previo del delantero centro.
El Betis seguía ganando.
Pero todavía quedaba lo más dramático.
Deossa tuvo en el minuto 92 la oportunidad de sentenciar definitivamente el encuentro, pero Courtois volvió a responder con una gran intervención.
Y prácticamente de inmediato llegó una de las acciones más discutidas de la noche.
Hernández Hernández señaló penalti por una caída de Vinícius ante Natan. La decisión generó protestas entre los jugadores béticos y posteriormente también reclamos del conjunto madridista por distintas circunstancias del encuentro. La sanción, además, quedó instalada dentro de ese territorio de acciones interpretables que tantas veces generan discusión alrededor de este tipo de partidos.
Mbappé tomó la pelota.
El empate parecía estar al alcance del Madrid.
Pero enfrente estaba Álvaro Valles.
El arquero esperó hasta el último instante, leyó la ejecución del francés y detuvo el lanzamiento para desatar una celebración monumental en La Cartuja.
DERROTA de Real Madrid 0-1 vs Betis, que lo iguala en la tabla de posiciones.
Entre otras cosas, por el penal que Álvaro Valles le atajó a Kylian Mbappé al minuto 94 🤯🇪🇸 pic.twitter.com/bvXI21P6CB
— Pablo Giralt (@giraltpablo) September 4, 2026
El Madrid todavía tuvo una última oportunidad en un córner. Espí volvió a aparecer para rematar con peligro, pero una vez más surgió la figura de Valles.
Otra intervención.
Otra salvada.
Otro golpe contra la desesperación madridista.
El pitazo final confirmó entonces una victoria que explica perfectamente por qué el fútbol sigue siendo un deporte capaz de desafiar cualquier pronóstico. El Betis había resistido el calor, había soportado los mejores momentos del Madrid, había administrado sus energías, había encontrado el gol cuando el partido parecía condenado al empate y, finalmente, había sobrevivido a un penalti en el tiempo añadido.
Parrott puso el gol.
Valles levantó el muro.
Y Pellegrini volvió a demostrar que también sabe ganar los partidos que exigen paciencia, lectura táctica y una enorme capacidad para sufrir.
Después de una semana marcada por las dudas y el malhumor de parte de la afición, el Betis encontró la mejor respuesta posible: derrotar al Real Madrid.
Tres puntos.
Un 1-0.
Una noche de infarto.
Y una victoria que los hinchas verdiblancos recordarán durante muchísimo tiempo.
/Sol García Lineros, corresponsal de todofutbol en España. Fotos Diario de Sevilla y Videos:ESPN

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