Fue una exhibición a toda orquesta, ante la que muchos consideraban la mejor selección del mundial y la eliminó sin dejar la más mínima duda de su superioridad, con goles de Mikel Oyarzábal y Pedro Porro

😤 𝑳𝒆 𝒎𝒐𝒎𝒆𝒏𝒕 𝒆𝒔𝒕 𝒗𝒆𝒏𝒖 !
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Fue, en varios tramos, un monólogo disfrazado de semifinal. Una exhibición de autoridad que dejó a Francia con más preguntas que respuestas. ¿Qué fue de ese vendaval galo que ilusionaba con repetir corona? ¿En qué rincón quedó la magia de Dembelé, esa zurda que desequilibra partidos? ¿Dónde se esfumó la conducción de Olise y Koundé? ¿Y el olfato de gol de Mbappé, ese que parecía infalible? El combinado español, con una receta tan antigua como efectiva, les quitó el disfraz a todas esas carencias emocionales y tácticas: simplemente, quisieron el balón. Lo mimaron, lo hicieron circular con exquisitez, con pausa, con criterio, con movimientos sincronizados y con la inteligencia de jugar siempre un paso adelante. La igualdad que muchos pronosticaban se desvaneció en cuanto Rodri asumió el cetro del mediocampo y Fabián Ruiz empezó a repartir juego con la claridad de un director de orquesta. El Mundial ya conoce a su primer finalista, y hay que rendirse ante la evidencia: humilló al gran favorito de las quinielas. La Roja tiene su boleto para el MetLife del domingo.
El libreto lo habían escrito ambos entrenadores. Deschamps lo anticipaba, De la Fuente lo dibujaba. Y en ese esquema coincidían en un punto: la posesión sería española. La pesadilla francesa consistía en robar y salir como una exhalación, apoyados en esa locomotora de velocidad que tienen arriba. Pero el plan se estrelló contra la paciencia y el orden ibérico.
Dueño absoluto del centro del campo, Rodri suplió con creces la ausencia de Pedri. Su despliegue alcanzaba para dos, y supo rodearse de un bloque sólido, dispuesto a doblar marcas en cada recuperación. Aprovecharon la versión fantasma de Tchouameni, aún arrastrando molestias (o eso se espera, porque su rendimiento fue decepcionante), y aplicaron la misma receta que Paraguay usó para anular a Koundé y Olise: presión temprana, roce desde el primer minuto, pero a diferencia del cuadro guarani, cada vez que un jugador español recuperaba la pelota la jugaba con precisión, se la pasaba al compañero más cercano e iniciaban una carga que desacomodaba por completo el armado galo.
España construye desde el fondo con una audacia que raya en lo temerario. Su propio guardameta se animó a gambetear a Mbappé, una herejía que habla de su confianza. Ese arrojo tenía un costo: si perdían la pelota cerca del área, Barcola encendía los turbos y dejaba a Porro en evidencia. No terminó en gol, pero encendió las alarmas.
Mientras la circulación española era un reloj suizo, los pases de Francia eran obsequios disfrazados de contragolpe. Dembelé, a años luz de aquel que brilló para ganar el Balón de Oro, regalaba balones que Lamine Yamal agradecía. Mbappé navegaba a contracorriente del resto, y solo Rabiot parecía estar a la altura de la camiseta que vestía.
Cucurella y sus famosos rulos son tan reconocibles como su vocación ofensiva. Parece que en el bando galo no leyeron ese informe, porque lo dejaron desbordar una y otra vez. En uno de esos centros, Digne protagonizó un error de principiante: quiso bajar el balón con la cabeza en lugar de despejar, olvidando que Yamal acechaba. El joven español le robó la cartera y el francés respondió con una patada que era más propia de otro deporte.
Así, la apertura de la cuenta llegó mediante ese lanzamiento penal provocado por la constante movilidad y desequilibrio de Lamine Yamal, quien volvió a convertirse en una de las figuras del compromiso. Mikel Oyarzábal asumió la responsabilidad desde los doce pasos y definió con tranquilidad para reflejar en el marcador un dominio que ya era evidente en el desarrollo del juego.
¡¡OYARZABAL SACÓ UN TREMENDO ZURDAZO Y MARCÓ EL 1-0 DE ESPAÑA ANTE FRANCIA EN LA SEMIFINAL!!
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Ni el tiempo muerto por hidratación logró despertar a los franceses. España no solo controlaba el esférico, sino el ritmo, el espacio y el marcador. Francia perdía cada duelo dividido y su única esperanza era un latigazo al contragolpe. Casi lo logran cuando Mbappé arrancó desde su campo y se fue en solitario, pero Unai Simón, como un líbero audaz, salió a cortar la jugada muy lejos de su arco y resolvió con autoridad.
Por si fuera poco, Maignan también regalaba balones desde atrás, y España construyó una jugada de fantasía con una pared de taco entre Fabián Ruiz y Yamal que mereció mejor suerte. El remate se fue al corner por centímetros.
Francia desperdició los primeros diez minutos del complemento insistiendo con el mismo libreto fallido, y recién entonces movió el banco con Doué. Pero el sustituto ni siquiera había entrado en calor cuando Porro y Olmo se combinaron para firmar el segundo.
El segundo gol fue la confirmación de una actuación colectiva de alto nivel. Pedro Porro inició la jugada por el sector derecho, combinó con Dani Olmo y continuó su recorrido hacia el área. Una obra de arte: pared, movimiento y definición exquisita. Puro fútbol. El lateral volante resolvió con un preciso toque de primera intención que dejó al lateral completamente habilitado frente al portero. Con gran serenidad, el jugador español que milita en el Tottenham definió para establecer el 2-0 y prácticamente sentenciar una semifinal en la que España ratificaba en el marcador, lo tremendamente superior que era en el juego.
¡¡PARA ACERCARSE MÁS A LA FINAL!! PEDRO PORRO ARMÓ UNA PARED CON DANI OLMO Y MARCÓ UN GOLAZO PARA EL 2-0 DE ESPAÑA VS. FRANCIA.
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Lo más valioso fue que España jamás renunció a su identidad. Ni un minuto de duda, ni un repliegue cobarde. Y si a eso se suma que los franceses parecieron dejar el alma en el himno, la final ya tenía dueño. Incluso Lamine Yamal se permitió un arranque que evocaba a Messi: diagonal de derecha a izquierda, recorte y remate al ángulo. El VAR lo anuló por un fuera de juego milimétrico, pero el mensaje ya estaba enviado.
Mbappé dio un leve suspiro de vida con un disparo desde la frontal que pasó cerca. Pero fue eso: un suspiro. Muy poco para lo que se esperaba. Si Argentina fue aplaudida ante Egipto fue por su rebeldía, por su capacidad de reinventarse para lograr una remontada histórica. Eso no se elige, se siente. Y Francia, en esta semifinal, lo tuvo ausente.
El epílogo fue un retrato perfecto: pelotazo largo para Mbappé, el arquero español salió como un felino a cabecear, el rebote le cayó a Doué, que dudó una eternidad, lo que permitió a Simón regresar y atajar. Nervios, indecisión, presión. O llamémoslo impotencia, como esa amarilla que Mbappé se ganó golpeando al portero español.
Posesión, solidaridad, jerarquía, intensidad en la recuperación, peligro constante y, sobre todo, convicción. Esa certeza de sostener el plan desde el pitido inicial hasta el último suspiro, incluso cuando Francia acorraló al final. España jugó cada balón como si fuera el último, como se juegan las finales. Francia se perdió en el espejismo de lo que creía ser y la cruda realidad de lo que mostró. El «olé, olé, olé» que cerró la noche con aires propios de una celebración en la Cibeles o un paseo por la rampa de Barcelona
Con esta contundente presentación, España no solo aseguró su presencia en la gran final, sino que además ratificó su candidatura al título con una de las actuaciones más completas que se han visto en esta Copa del Mundo. El combinado ibérico disputará el partido decisivo el próximo domingo a las 15:00 horas y conocerá a su rival este miércoles, cuando Inglaterra y Argentina disputen la segunda semifinal del certamen. Si mantiene el nivel exhibido frente a Francia, el equipo de Luis de la Fuente llegará a la definición con argumentos más que suficientes para soñar con una nueva consagración mundial. Y pareciera ser lo más justo y lo más lógico.
/por Gerardo Ayala Pizarro. Fotos: selecciones de España y Francia. Videos: Sport Center

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