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Mourinho encontró a un goleador y el Madrid ganó con lo justo al Espanyol (Video)

Mourinho encontró a un goleador y el Madrid ganó con lo justo al Espanyol (Video)

Algo ha cambiado en el Real Madrid respecto de las dos últimas temporadas. Y ese cambio tiene nombre y apellido: Carlos Espí. El delantero apareció en el minuto 90 para rescatar un triunfo que parecía escaparse y convertirse así en el protagonista inesperado del estreno liguero de José Mourinho en su segunda etapa al frente del conjunto blanco.

Espí representa, precisamente, aquello que el Madrid parecía no tener en los últimos años: un especialista del área, un delantero capaz de interpretar el juego dentro del área pequeña, de pelear cada balón dividido y de convertir en peligro una pelota que para otros jugadores podría parecer perdida. Un futbolista de esos que no necesitan participar demasiado para terminar siendo decisivos.

Y eso fue exactamente lo que ocurrió en Cornellà.

El Madrid terminó imponiéndose al Espanyol por la mínima en un partido que tuvo una evolución preocupante para los visitantes. El equipo de Mourinho comenzó con personalidad, intensidad y una propuesta vertical que hizo pensar en una noche mucho más tranquila. Sin embargo, con el paso de los minutos fue perdiendo ritmo, control y equilibrio, hasta quedar expuesto a un intercambio de golpes que no parecía conveniente.

El paralelismo con el equipo que dirigía Arbeloa la temporada anterior resulta inevitable. El Madrid comenzó notable, tuvo momentos de fútbol convincente, pero fue perdiendo fuelle a medida que el Espanyol encontró espacios para competir. La diferencia estuvo en que esta vez apareció un delantero capaz de resolver el encuentro cuando las ideas empezaban a agotarse.

El Espanyol, mientras tanto, cayó con honor. Mostró las hechuras de un equipo trabajado, ordenado y consciente de sus virtudes. Apostó nuevamente por la transición rápida, por esperar su oportunidad y atacar los espacios que dejara el rival. Durante buena parte del encuentro esa fórmula funcionó, aunque esta vez la contra no le entregó el premio que sí había conseguido en temporadas anteriores.

Un Madrid que comenzó a toda velocidad

Hay que reconocer que el Madrid fue de más a menos. El arranque resultó prometedor y también tuvo una cuota importante de sorpresa. Mourinho decidió guardar su primera alineación hasta el último momento y la presencia de Jude Bellingham en el once inicial terminó desplazando a Arda Güler, uno de los grandes protagonistas de la pretemporada, hacia la banda derecha.

La decisión tenía una lectura táctica clara. Mourinho buscaba mayor presencia física y llegada desde segunda línea con Bellingham, mientras confiaba en la capacidad de Güler para asociarse y generar fútbol desde una posición más abierta. También resultaba comprensible la apuesta por Dumfries por delante de Trent como visitante, especialmente considerando el comienzo intenso del Espanyol.

Sin Diomande y con la denominada BMV, Mourinho comenzó su segunda etapa madridista con una propuesta directa y agresiva.

El Madrid jugó con pocos toques, aceleró cada posesión y cargó especialmente el juego por el costado derecho, donde Dumfries se proyectaba constantemente para generar superioridades junto a Güler. A ello agregó una presión alta que incomodó al Espanyol y permitió recuperar balones en posiciones adelantadas.

El primer gol fue precisamente una consecuencia de esa superioridad inicial. El balón parado volvió a convertirse en un recurso importante y Arda Güler, encargado de la ejecución, encontró a Bellingham llegando desde atrás. El inglés apareció donde más daño podía hacer y capitalizó el buen comienzo del equipo.

Mourinho lo celebró desde la zona técnica porque, durante ese tramo, el Madrid estaba ejecutando exactamente lo que se le había pedido.

El conjunto blanco era vertical, intenso y peligroso. Dmitrovic tuvo que intervenir ante Dumfries y posteriormente frente a Mbappé, que comenzaba a aparecer por ambos costados para evitar que la defensa local pudiera fijarlo.

Pero el partido empezó a cambiar por un factor inesperado: Vinicius.

El brasileño recibió una patada de Calatrava en los primeros minutos que el árbitro no sancionó con tarjeta, pese a que la acción parecía merecerla. La jugada terminó sacando a Vinicius del partido futbolístico para introducirlo en otro terreno: las discusiones, las protestas y las confrontaciones que terminan desconcentrando al atacante.

Calatrava entendió rápidamente la situación y comenzó a ganar protagonismo ofensivo. Al mismo tiempo, el Madrid empezó a estirarse demasiado.

Y ahí apareció uno de sus problemas históricos: la distancia entre líneas.

El Espanyol comenzó a encontrar espacios para que Javi Hernández recibiera entre líneas y pudiera conducir con mayor libertad. La lesión de Huijsen, quien tuvo que abandonar temporalmente el campo después de un choque con Roberto para recibir atención médica, también contribuyó a desordenar durante algunos minutos la estructura defensiva madridista.

El empate llegó como consecuencia directa de esa pérdida de control.

Javi Hernández llevó la jugada hacia la derecha, encontró el espacio necesario y consiguió servir hacia la segunda línea. Allí apareció Calatrava, completamente libre entre Valverde y Carreras, para conectar el remate que estableció la igualdad.

El 1-1 dejó al descubierto una debilidad importante: el Madrid había perdido el dominio de la zona central.

Bernardo y Valverde tuvieron poca influencia en una propuesta que exigía circulación rápida y pocos contactos. Bellingham, además, comenzó a evidenciar el desgaste físico de un partido que había arrancado a un ritmo muy elevado. Así, el equipo terminó dependiendo demasiado de la inspiración de Güler y de las aceleraciones de Mbappé.

El francés tuvo una oportunidad clarísima cuando logró irrumpir en el área, pero Dmitrovic respondió con los pies. El problema era que el Espanyol ya no solamente sobrevivía: comenzaba a sentirse cómodo.

Incluso pudo irse al descanso en ventaja, pero Roberto no consiguió conectar con comodidad un centro que encontró al Madrid mal parado.

Un segundo tiempo sin dueño

Mourinho decidió no introducir modificaciones al descanso. Y la segunda mitad comenzó con una sensación desconcertante para el madridismo: el partido parecía haber perdido dueño.

Calatrava volvió a estar al límite al cometer una falta sobre Carreras que pudo haberle significado la segunda amarilla. El árbitro decidió no sancionarlo disciplinariamente. En otra acción polémica, Sánchez Martínez tampoco consideró cesión una jugada que generó reclamos desde el banco madridista.

El encuentro se convirtió entonces en una sucesión de oportunidades aisladas.

Una para el Espanyol, con Roberto peleando nuevamente una pelota que Calatrava no consiguió aprovechar cuando volvió a quedar en posición favorable. Otra para el Madrid, nacida de la calidad de Güler, quien colocó un balón perfecto para la llegada de Bellingham. El cabezazo del inglés fue desviado por Dmitrovic y terminó impactando en el larguero.

El Madrid tenía ocasiones, pero no conseguía construir dominio.

Y el Espanyol seguía esperando.

También Vinicius comenzó a jugar con fuego al reclamar un supuesto penal por un contacto mínimo con Edu Expósito. La tensión crecía mientras el fútbol perdía precisión.

Llegó entonces la hora de los cambios.

Mourinho introdujo a Cucurella y a Diomande, buscando modificar el funcionamiento del equipo. La decisión más llamativa fue la salida de Güler, precisamente cuando el turco había sido uno de los jugadores más influyentes del Madrid.

Era difícil de entender desde fuera.

Güler había sido el faro de la pretemporada y estaba entregando soluciones que el resto del equipo no encontraba. Sacarlo significaba renunciar a uno de los pocos futbolistas capaces de romper el partido desde la creatividad.

Manolo González, por su parte, tomó decisiones mucho más lógicas desde el punto de vista disciplinario: retiró a Calatrava y Riedel, ambos amonestados, y protegió a su equipo de una eventual expulsión.

El Espanyol retrocedió unos metros y asumió una estrategia todavía más clara: esperar y contraatacar.

El Madrid dominaba territorialmente, pero no conseguía darle continuidad a ese dominio. Bernardo y Valverde continuaban lejos de su mejor versión y, una vez más, todo quedaba pendiente de lo que pudieran inventar Mbappé o Vinicius.

La sensación era conocida.

El Madrid tenía talento suficiente para ganar, pero no estaba jugando como un equipo que controlara el partido.

Espí, el delantero que el Madrid necesitaba

Cuando el encuentro parecía encaminarse irremediablemente hacia el empate, apareció la solución que Mourinho había dejado en el banco.

Carlos Espí ingresó al terreno de juego y prácticamente desde su primera intervención dejó claro por qué su presencia puede representar una diferencia importante respecto de los dos últimos años.

El delantero realizó una buena dejada para Mbappé, quien conectó de volea, aunque sin encontrar precisión suficiente. Poco después, el francés también falló un pase sencillo hacia Espí.

Pero el nuevo delantero madridista no necesitó esperar a que los demás le solucionaran el partido.

Se buscó la oportunidad por sí mismo.

Cuando el reloj marcaba el minuto 90, una pelota quedó suelta en el área después de una acción en la que Mbappé perdió el equilibrio. Espí apareció, peleó el balón y terminó encontrando la manera de enviarlo al fondo de la red.

1-2.

El Madrid encontraba en el último minuto aquello que le había faltado durante buena parte del segundo tiempo: un futbolista capaz de convertir una situación desordenada en una acción de gol.

Y ahí está probablemente la principal conclusión que deja el estreno de Mourinho.

El Madrid no fue brillante durante todo el encuentro. De hecho, fue claramente de más a menos. Perdió el control del centro del campo, permitió que el Espanyol creciera y terminó dependiendo demasiado de acciones individuales. La estructura ofensiva perdió continuidad y el equipo volvió a mostrar algunas de las dudas que habían aparecido en temporadas anteriores.

Pero ahora existe un recurso diferente.

Carlos Espí.

Un delantero de área, un jugador que entiende dónde caerá la pelota, que sabe pelear segundas jugadas y que no necesita una gran cantidad de intervenciones para resultar determinante.

El Espanyol, por su parte, mereció reconocimiento por su resistencia. Su apuesta fue coherente con sus características y durante muchos minutos consiguió llevar al Madrid a un partido incómodo. Sin embargo, esta vez la estrategia de esperar una contra no encontró la recompensa buscada.

El conjunto local cayó con honor, pero el Madrid se llevó algo más que tres puntos.

Se llevó una primera victoria que puede terminar siendo mucho más importante de lo que parece, porque Mourinho necesitaba comenzar ganando y, sobre todo, necesitaba hacerlo en un partido que puso a prueba la capacidad de reacción de su equipo.

El triunfo no despeja todas las dudas. Al contrario, deja varias preguntas abiertas.

Pero también entrega una certeza.

Este Madrid tiene ahora un especialista que no tenía antes.

Y cuando el fútbol se atasca, cuando las estrellas pierden precisión y cuando el partido parece escaparse, tener un delantero capaz de aparecer en el área puede marcar la diferencia entre sumar un punto y comenzar una temporada con una victoria.

Carlos Espí firmó en el 90′ el triunfo del Madrid de Mourinho. Un premio para un profesional del gol y, quizás, el comienzo de una nueva solución para un equipo que todavía está buscando su mejor versión.

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/Sol García Lineros, corresponsal en España de todofutbol. Fotos: Marca.Video: ESPN

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