Después que el continente apenas había conseguido dos puntos de 12 posibles, le toco el turneo al Campeón vigente y al mejor jugador del planeta para que el fútbol de esta parte del mundo mostrara también sus credenciales y sus virtudes en este Mundial 2026


Hasta esta noche, Sudamérica estaba en deuda, muy en deuda.
Paraguay fue aplastado por Estadois Unidos, Ecuador cayó ante Costa de Marfil, mientras que Brasil y Uruguay sólo pudieron empatar con Marruecos y Arabia Saudita.
En números, apenas dos puntos de 12 posibles.
De ahí la responsabilidad con la que entró a jugar a la cancha la selección Argentina ante Argelia, que ojo, porque de las selecciones menores que participan en este Mundial debe ser uno de los de mayores pergaminos.
Y Argentina respondió con creces a esa responsabilidad. Porque arrolló a su rival, siempre fue superior, aún en los momentos en que el partido pareció más equilibrado.
Dicho de una manera muy simple y contundente: Argentina demostró esta noche en Kansas que es el campeón mundial vigente y que viene a decidido a retener la corona.
UN TREMENDO EQUIPO
Puede que tenga menos individualidades que Francia e incluso también que España, por mucho que ninguna de ellas apareciera ante Costa de Marfil.
Pero, Argentina supera en algo fundamental a estas dos selecciones tan poderosoas y al resto de las que compiten en esta Copa del Mundo: es un EQUIPO en todo el sentido de la palabra.
Y la razón es muy simple. Hace poco menos de cuatro años, el 18 de diciembre del 2022, Argentina se coronaba campeón del fútbol ganándole en la final a Francia y la alineación que mando a la cancha Lionel Scaloni fue con: Emiliano Martínez; Nahuel Molina, Cristian Romero, Nicolás Otamendi y Nicolás Tagliafico;Rodrigo De Paul, Enzo Fernández y Alexis Mac Allister; Lionel Messi ,Julián Álvarez y Ángel Di María. Posteriormente ingresaron Gonzalo Montiel, Leandro Paredes, Marcos Acuña, Paulo Dybala y Lautaro Martínez.
Saqué la cuenta: de aquel equipo que ganó la Copa del Mundo – aparte del entrenador- hubo seis jugadores que esta noche volvieron a ser titulares y dos que en aquella oportunidad ingresaron en el segundo.
Es decir, que Argentina salió a jugar ante Argelia con ocho campeones del mundo en sus filas y la mayoría de elos en posiciones claves, partiendo por el medio campo completo (De Paul Fernández y Mac Allister) que es donde nace el tremendo poderío de este equipo albiceleste.
Que, por razones, obvias ya juega de memoria. Porque se conocen, son amigos, son solidarios, han convivido en las buenas y en las malas y han logrado conformar lo más dificil de encontrar en estor torneos de selecciones: UN EQUIPO, un tremendo equipo.
Y ADEMÁS TIENEN A MESSI
Que a sus 39 años y por más que hay nasomado Kyllian Mbappe y Lamine Yamal y se mantenga también vigente Cristiano Ronaldo, sigue siendo el MEJOR JUGADOR DEL MUNDO.
Y por varios cuerpos de distancia.
Para algunos, ahora está jugando en un liga menor, pero cuidado porque después de ver lo bien que juega la selección de Estados Unidos y que siguen año a año llegando figuras, la Maior Soccer League esta a un nivel cada vez más competititvo internacionalmente.
Por razones obvias, ya no tiene la velocidad que tenía cuando debutó con un gol en un Mundial el 16 de junio del 2006, pero ahora 20 años más tarde tiene una tremenda experiencia, que unida a esa inteligencia innata para jugar al tiempo, lo hacen ubicarse mejor en la cancha, no desgastarse en carreras muy largas y aparecer con su gambeta desequilibrante y en línea recta que la sufrieron los defendsas argelinos. Como la han venido sufriendo dutante dos décadas las mejores defensas del mundo.
Si a todo lo anterior le agregamos su extraordinario remate de izquierda -así anotó el primer y el tercer gol en este partido, con un chanfle perfecto en movimiento o un remate bajo inatajable- su olfato para detectar cualquier error que pueda cometer el arqero adversario – así capturó el rebote para el segundo gol argentino.
En síntesis, Lionel Messi, versión 2026, es el mejor de los mejoes. Y juega para Argentina
EL PARTIDO
“Argelia juega como Marruecos”, había resumido Scaloni en la previa para describir las virtudes de un rival al que respetaba profundamente. La frase, lejos de ser una cortesía diplomática, terminó encontrando sustento en el desarrollo del encuentro. Porque durante largos pasajes del partido, el conjunto africano no sólo compitió de igual a igual, sino que además consiguió exponer ciertas vulnerabilidades estructurales de una Argentina que tardó en encontrar equilibrio.
Más allá de un cabezazo peligroso de Lautaro Martínez y de un gol correctamente invalidado a Messi, la Selección sufría. El mediocampo aparecía demasiado abierto, con espacios generosos entre líneas que Argelia aprovechaba con inteligencia. Allí emergió la figura de Chaibi, un futbolista que justificó plenamente el peso simbólico de portar la camiseta número 10. Moviéndose a espaldas de Rodrigo De Paul, encontró zonas de libertad para recibir, girar y conducir. Su influencia creció con el correr de los minutos hasta desembocar en una definición extraordinaria que silenció momentáneamente el estadio. Sólo la intervención salvadora del VAR evitó que aquel golpe se transformara en una herida profunda para los argentinos.
Argentina necesitaba reajustarse. Debía reducir distancias entre sus líneas, recuperar asociaciones y reencontrarse con una circulación más fluida. En ese contexto apareció uno de esos gestos técnicos capaces de modificar el rumbo emocional de un partido. De Paul, que hasta entonces alternaba más errores que aciertos, encontró una acción redentora. Su asistencia fue de una calidad extraordinaria. ¿Maradoneana? ¿Riquelmeana? La comparación queda abierta, pero lo indiscutible es que se trató de un pase capaz de quebrar la estructura defensiva rival de una sola vez. Atravesó líneas, eliminó adversarios y dejó la pelota en el territorio favorito de Messi.
Y cuando Messi recibe allí, el fútbol suele entrar en una dimensión distinta. El control orientado le permitió ganar una fracción de segundo decisiva. Luego vino el perfilamiento, la lectura instantánea y el zurdazo implacable, que podemos ver gracisa a la gentileza de Sport Center de ESPN
¡¡PERO POR FAVOR LIONEL, NO PODÉS HACER ESO!! ¡¡GOLAZO DESCOMUNAL DE MESSI PARA EL 1-0 DE ARGENTINA VS. ARGELIA!!
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Una secuencia tantas veces repetida que parece conocida por todos, aunque casi nadie consiga detenerla. La apertura de la cuenta alivió la tensión propia de un debut mundialista, pero no solucionó todos los problemas futbolísticos del equipo.
Los niveles individuales seguían siendo irregulares. Thiago Almada aparecía como un socio interesante para Leo, aunque Lautaro parecía moverse en una frecuencia diferente. Su compromiso y entrega fueron irreprochables, pero casi siempre terminó ocupando el espacio equivocado o llegando un instante tarde a cada acción. Medina tampoco encontraba comodidad en su ubicación dentro del sistema, mientras que Emiliano Martínez continuaba obligado a intervenir y mantenerse permanentemente concentrado. El partido transmitía una sensación inequívoca: el peligro seguía demasiado cerca.
El ingreso de Montiel por Molina no modificó sustancialmente la idea colectiva, pero sí coincidió con un aspecto determinante del encuentro: la intensidad física de Argelia comenzó a descender. Y cuando eso ocurrió, Argentina encontró una oportunidad para asumir un control más sostenido. Más tarde, con la entrada de Nico González, el mediocampo ganó protección y densidad competitiva. La circulación seguía sin alcanzar la fluidez deseada y al equipo le costaba encadenar largas secuencias de pases, pero apareció una virtud fundamental en los campeones: la paciencia.
La tuvo el equipo y, sobre todo, la tuvo Messi. Porque los grandes futbolistas comprenden que algunos partidos no se resuelven desde la ansiedad, sino desde la persistencia. Poco a poco comenzaron a aparecer caminos que hasta entonces habían sido escasamente explorados. Las bandas empezaron a tener mayor protagonismo, los espacios interiores se abrieron y surgieron oportunidades para el remate de media distancia.
Fue entonces cuando llegó la jugada que terminó de inclinar definitivamente la balanza. Puede discutirse si Zidane pudo haber reaccionado mejor o si el rebote concedido fue evitable. Son debates válidos. Pero quedarse únicamente en el error defensivo sería ignorar la sutileza de la ejecución. Basta observar nuevamente la definición de Messi para comprenderlo. No golpeó la pelota; prácticamente la acarició. La amortiguó con una sensibilidad técnica extraordinaria para colocarla donde el arquero ya no tenía posibilidades. Con su pierna derecha firmó el segundo gol y comenzó a cerrar una historia que, aunque todavía tenía minutos por delante, ya parecía encaminada.
¡NO TE CANSES NUNCA DE JUGAR AL FÚTBOL, LEO! Messi capturó el rebote tras un remate de Mac Allister y anotó el segundo de Argentina ante Argelia.
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Para entonces, el espectáculo ya había cumplido con las expectativas de una Copa del Mundo. Los aficionados disfrutaban del privilegio de observar otra exhibición de su máxima figura. El equipo podía marcharse satisfecho y concentrarse en los desafíos venideros. Sin embargo, Messi nunca parece conformarse con lo conseguido.
Su tercer gol de la noche trasciende el valor estadístico inmediato. Claro que alcanzar a Klose como máximo goleador de la historia de los Mundiales con 16 tantos constituye un hito extraordinario. Pero el verdadero significado va más allá de los números. Ese gol funciona como una declaración de intenciones. Es un mensaje dirigido a las otras 47 selecciones que siguen en competencia, a los cuerpos técnicos que analizan cada detalle desde sus concentraciones y a todos aquellos que sueñan con destronar al vigente campeón.
¡¡FÚTBOL, FÚTBOL, FÚTBOL!! ¡¡LEO MESSI DEFINIÓ A LA PERFECCIÓN Y MARCÓ SU HAT TRICK PARA EL 3-0 DE ARGENTINA VS. ARGELIA!! MÁXIMO GOLEADOR DE LA HISTORIA JUNTO A KLOSE.
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La advertencia es clara: Argentina aún tiene aspectos por corregir, todavía muestra grietas que pueden ser explotadas y continúa buscando su mejor versión. Pero también conserva aquello que la llevó a la cima. La jerarquía de sus figuras, la capacidad de resistir en los momentos incómodos y, sobre todo, el apetito competitivo de un capitán que sigue jugando como si todavía tuviera algo por demostrar. Y eso, para cualquier rival, probablemente sea la noticia más inquietante de todas.
/por Gerardo Ayala Pizarro. Fotos: selecciones de Argentina y Argentina. Videos: Sport Center

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