Pocas selecciones entienden la trascendencia de un Mundial con la seriedad que lo hace Alemania.O si no, que lo diga Brasil que en el útlimo mundial en que fue local recibieron un 7-1 humilante de parte de los germanos. Esta tarde repitieron la dósis ante la debil selección de Curazao
La historia, el peso de su camiseta y la exigencia permanente de su entorno convierten cada participación en una obligación competitiva.
Más aún después de las decepciones sufridas en las dos últimas Copas del Mundo, donde la tetracampeona fue eliminada en la fase de grupos, una herida que todavía permanece abierta en la memoria colectiva del fútbol alemán.
Por ello, el estreno en esta edición del Mundial representaba mucho más que un simple debut. Era una oportunidad para reafirmar credenciales, despejar dudas y demostrar que el proceso liderado por Julian Nagelsmann está preparado para devolver a Alemania al lugar que históricamente ha ocupado entre las grandes potencias del fútbol internacional. Y aunque Curazao logró generar durante algunos minutos la ilusión de una sorpresa mayúscula, la diferencia de jerarquía terminó imponiéndose con claridad en el marcador.
El conjunto caribeño, una de las selecciones debutantes en la cita mundialista, afrontó el desafío con valentía y convicción. El equipo dirigido por Dick Advocaat sabía que enfrentaba a uno de los gigantes del torneo y, aun así, se negó a asumir un papel meramente testimonial. Su esfuerzo y disciplina táctica le permitieron competir durante varios pasajes del encuentro, aunque finalmente no alcanzaron para contener el potencial ofensivo germano.
Todo parecía encaminado hacia una goleada desde los primeros compases del partido. El tempranero gol de Lukas Nmecha confirmó los pronósticos previos y reforzó la sensación de que Alemania podría resolver el compromiso sin mayores complicaciones. La Mannschaft monopolizaba la posesión, presionaba alto y sometía a su rival a un constante ejercicio defensivo. El encuentro seguía el libreto previsto por analistas y aficionados.
Sin embargo, el fútbol siempre encuentra espacio para las historias inesperadas. Curazao resistió la presión inicial, cerró espacios y logró mantenerse con vida hasta encontrar una oportunidad que quedará grabada para siempre en la historia de su país. En el minuto 21, Livano Comenencia aprovechó una acción ofensiva que encontró la colaboración involuntaria de Joshua Kimmich para establecer el empate parcial.
La anotación tuvo un significado que trascendió el resultado momentáneo. Se convirtió en el primer gol de Curazao en una Copa del Mundo, un acontecimiento histórico para una nación que apenas comienza a escribir sus páginas en el escenario más importante del fútbol. Durante algunos instantes, la ilusión recorrió toda la isla caribeña y también conquistó a los aficionados neutrales que suelen encontrar en los debutantes una causa romántica que apoyar.
El empate también expuso una realidad incómoda para Alemania. Con ese tanto, los germanos encadenaban siete partidos consecutivos en Mundiales sin conseguir mantener su portería imbatida. Una estadística llamativa para una selección tradicionalmente reconocida por su solidez defensiva y que no logra terminar un encuentro mundialista sin recibir goles desde la final de Brasil 2014, cuando conquistó su cuarto título frente a Argentina.
Pero los equipos grandes suelen responder cuando aparecen las dificultades. Lejos de caer en la ansiedad, Alemania recuperó el control emocional del partido y encontró en la pelota detenida el camino para restablecer las diferencias. Nico Schlotterbeck apareció con autoridad dentro del área para conectar un cabezazo que devolvió la ventaja a los europeos y disipó cualquier atisbo de incertidumbre.
A partir de ese momento, la superioridad alemana comenzó a reflejarse nuevamente en el marcador. Antes del descanso llegó una acción determinante: una clara infracción sobre Nmecha dentro del área que permitió a Kai Havertz transformar el penal y ampliar la ventaja. El 3-1 representó un golpe psicológico importante para Curazao, que veía cómo el enorme esfuerzo realizado durante la primera mitad comenzaba a desmoronarse frente al peso específico de su rival.
Las esperanzas de una reacción quedaron prácticamente anuladas nada más iniciarse la segunda parte. Jamal Musiala, uno de los futbolistas llamados a liderar el futuro inmediato de Alemania, amplió la diferencia y terminó de inclinar definitivamente la balanza. Con tres goles de ventaja y una evidente superioridad física y técnica sobre el terreno de juego, la Mannschaft encontró los espacios necesarios para desplegar todo su arsenal ofensivo.
Curazao, que había competido con admirable dignidad durante buena parte del encuentro, comenzó a sentir el desgaste y ya no pudo sostener la intensidad necesaria para contener las embestidas alemanas. Alemania, por su parte, mantuvo el ritmo competitivo sin concesiones. No es una selección acostumbrada a administrar esfuerzos cuando detecta vulnerabilidad en el adversario, y esta vez tampoco fue la excepción.
Los goles continuaron llegando con el paso de los minutos. Brown, uno de los nombres que más expectativas genera dentro de la nueva generación alemana, se sumó a la fiesta ofensiva para firmar el quinto tanto. Más tarde, Deniz Undav, ingresado desde el banquillo dentro de la amplia rotación propuesta por Nagelsmann —en la que también tuvo participación Antonio Rüdiger—, elevó la cuenta hasta seis.
La goleada la cerró nuevamente Kai Havertz, autor de un doblete que además le permite colocarse en la cima de la tabla de goleadores del torneo junto a Folarin Balogun. Más allá de las estadísticas individuales, el mensaje que deja Alemania tras este estreno es mucho más relevante: la selección alemana parece decidida a dejar atrás los fantasmas de los últimos años y recuperar la identidad competitiva que la convirtió en una referencia mundial durante décadas.
Curazao, pese a la contundencia del resultado, también abandonó el terreno de juego con un motivo para el orgullo. Su primer gol en una Copa del Mundo ya forma parte de la historia del país. Alemania, en cambio, se marchó con algo igualmente valioso: la sensación de que ha vuelto a tomarse el Mundial con la seriedad y la ambición que siempre la han distinguido.

/Por Sigfrido Rademacher (Corresponsal enAlemania). Video y Fotos: Fifa

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