Al igual como ocurriera con el Betis ante el Barcelona, el otro equipo sevillano fue perjudicado claramente por un arbitraje favorable al elenco de Mourinho
Real Madrid consiguió una contundente victoria por 4-1 frente al Sevilla de Gabriel Suazo, en un encuentro que dejó señales positivas para el conjunto blanco antes de afrontar el esperado Clásico frente al Barcelona. Más allá de la diferencia reflejada en el marcador, el equipo madridista mostró una evolución en su funcionamiento colectivo, encontró mayor equilibrio entre sus líneas y tuvo en el turco Arda Güler a la principal referencia de su propuesta futbolística.
El mediocampista fue determinante para organizar el juego, conectar con los atacantes y aportar claridad en la construcción ofensiva. Su influencia se manifestó desde la apertura del marcador, con una extraordinaria definición que permitió al Real Madrid tomar ventaja en un momento especialmente delicado del partido, marcado por una acción polémica en la que el Sevilla reclamó una agresión del futbolista turco sobre Peque. La decisión arbitral de no sancionar aquella jugada alimentó las protestas del conjunto andaluz, que posteriormente también cuestionó otras determinaciones durante el encuentro.
Kylian Mbappé, por su parte, volvió a demostrar su capacidad para resolver partidos mediante su velocidad, su talento individual y su eficacia frente al arco. El francés anotó un gol de gran factura y convirtió un penal con una ejecución a lo Panenka, consolidándose como otra de las figuras de una tarde en la que el Madrid encontró argumentos para mirar con mayor optimismo su próximo desafío. El triunfo también dejó en evidencia la importancia de la reorganización táctica impulsada por Mourinho, quien apostó por Federico Valverde en el carril derecho y por Güler como eje de la creación.
Sin embargo, la goleada no estuvo exenta de controversias. El Sevilla, que llegaba al Santiago Bernabéu con antecedentes de malestar por decisiones arbitrales, se sintió perjudicado por la interpretación de varias acciones y terminó el partido con motivos para expresar su indignación. Aunque el Real Madrid fue superior en eficacia y mostró una evolución futbolística, el conjunto hispalense también tuvo pasajes competitivos, generó oportunidades y encontró en Courtois a un obstáculo decisivo para sus aspiraciones de acercarse en el marcador.
Mourinho reorganizó el equipo y encontró respuestas en Valverde y Güler
El triunfo madridista comenzó a construirse desde la pizarra. Mourinho revisó datos, estadísticas y alternativas tácticas para preparar el penúltimo ensayo antes de visitar al Barcelona en el Camp Nou, y tomó una decisión que terminó siendo fundamental: ubicar a Federico Valverde en el carril derecho y concederle a Arda Güler un papel central en la organización ofensiva.
La apuesta tenía antecedentes y no estaba exenta de riesgos. La utilización del uruguayo en una posición más abierta ya había provocado tensiones con Xabi, después de que el futbolista expresara su incomodidad con determinadas funciones dentro del equipo. Sin embargo, tras introducir correcciones para sacar adelante dos compromisos complejos frente a Villarreal y Roma, Mourinho volvió a recurrir a una fórmula que buscaba aprovechar la polivalencia de Valverde y la capacidad creativa del turco.
La presencia de Trent y Dumfries entre las alternativas disponibles también demostraba que la decisión no respondía a una emergencia por falta de especialistas. El entrenador buscaba una solución táctica concreta, con Valverde capaz de desempeñarse como lateral, interior o extremo, dependiendo de las necesidades del partido y de los movimientos de sus compañeros.
El uruguayo respondió con una actuación de enorme despliegue. Participó en la recuperación, ofreció profundidad por la banda y apareció en zonas interiores para conectar con los atacantes. Su versatilidad permitió que el Real Madrid tuviera mayor flexibilidad para progresar y que sus movimientos ofensivos no dependieran exclusivamente de las intervenciones individuales de Mbappé o Vinicius.
Güler, en tanto, se convirtió en el punto de referencia para la circulación. Su capacidad para recibir entre líneas, orientar el juego y encontrar pases que rompieran la estructura defensiva rival aportó una claridad que el equipo había necesitado en otros encuentros. Con el turco como organizador, el Madrid consiguió distribuir mejor sus esfuerzos ofensivos y reducir la dependencia de ataques aislados.
El cambio también tuvo efectos sobre el equilibrio colectivo. Con Valverde en una banda y Diomande en la otra, el conjunto blanco consiguió mostrarse más compacto, con mayores posibilidades de recuperar el balón y lanzar ataques sin quedar excesivamente expuesto en las transiciones defensivas. Esa estructura ayudó a mejorar el rendimiento de Vinicius y ofreció un marco más favorable para que los jugadores ofensivos pudieran desarrollar sus capacidades.
La actuación dejó una conclusión relevante para Mourinho: el Real Madrid no necesitaba necesariamente acumular más futbolistas ofensivos, sino encontrar una distribución que permitiera aprovechar mejor sus características. La goleada frente al Sevilla fue una señal alentadora en ese sentido, aunque el desafío frente al Barcelona exigirá comprobar si estas mejoras pueden sostenerse ante un rival de mayor capacidad para controlar el juego.
Un comienzo reivindicativo y una polémica que encendió el clásico
El partido comenzó con un ambiente cargado de tensión y reivindicación. Durante los primeros diez minutos, desde las tribunas se escucharon cánticos contra Tebas, Laporta, Negreira y la Federación, en una protesta que reflejó el clima de desconfianza que rodeaba al fútbol español y que también formaba parte del contexto previo al encuentro.
Una vez superado ese tramo inicial, el Real Madrid generó su primera ocasión clara. Bellingham se infiltró por la derecha, levantó la cabeza y envió un pase atrás que encontró a Valverde en la frontal del área. El uruguayo conectó un potente derechazo, pero Mbappé terminó bloqueando involuntariamente el remate con la espalda, impidiendo que la acción concluyera con un disparo limpio hacia el arco.
El Sevilla, que llegaba al Bernabéu con un profundo malestar por decisiones arbitrales anteriores, comenzó el compromiso con dificultades para contener las primeras aproximaciones madridistas. Sin embargo, el conjunto andaluz consiguió reorganizarse y encontró algunas rutas para superar la presión local, especialmente mediante movimientos entre líneas y transiciones rápidas.
Luis García, condicionado por la ausencia de Isaac Romero, decidió ubicar a Robbie Ure como referencia ofensiva y a Peque unos metros más atrás. El plan buscaba aprovechar la movilidad del atacante para generar espacios y, al mismo tiempo, controlar las intervenciones de Güler, cuya influencia en la construcción del Madrid comenzaba a ser evidente.
Fue precisamente en ese contexto cuando se produjo una de las acciones más controvertidas del encuentro. Durante una transición, Peque sujetó a Güler para frenar su avance y el futbolista turco reaccionó revolviéndose ante el contacto. El jugador sevillista cayó al césped y la acción generó inmediatamente reclamaciones por una posible agresión con el brazo.
Los futbolistas del Sevilla protestaron con insistencia, reclamando una sanción para el mediocampista madridista. Sin embargo, el árbitro Cuadra Fernández, apoyado en la revisión del VAR, no consideró que existieran imágenes suficientemente claras y concluyentes para determinar una agresión que justificara una expulsión.
La decisión encendió todavía más los ánimos visitantes. Desde la perspectiva sevillista, la acción merecía una interpretación más severa y la ausencia de una sanción disciplinaria representó un nuevo motivo de indignación. La controversia adquirió mayor relevancia por lo que sucedió poco después: apenas siete minutos más tarde, Güler se convirtió en protagonista de la apertura del marcador.
Diomande, que había mostrado generosidad tanto en la recuperación como en la construcción, retrasó el balón desde su sector. Güler recibió y, sin dejar que la pelota perdiera velocidad, ejecutó un zurdazo extraordinario que se coló en la escuadra contraria. El remate fue técnicamente impecable y dejó sin opciones al guardameta visitante.
El gol representó una demostración de la calidad individual del turco y confirmó la importancia de su nueva función táctica. Sin embargo, la secuencia entre la polémica y la anotación terminó convirtiéndose en uno de los principales focos de discusión del encuentro. Para el Sevilla, resultaba difícil separar la frustración por la interpretación arbitral de la sensación de haber recibido un golpe deportivo en un momento en que comenzaba a sentirse más cómodo sobre el césped.
El Madrid encontró espacios y Mbappé amplió la ventaja
Tras el primer gol, el Sevilla intentó reaccionar sin perder su organización. Los jugadores andaluces se agruparon antes de reanudar el encuentro y buscaron mantener la concentración, conscientes de que un segundo tanto madridista podía complicar seriamente sus posibilidades de competir por el resultado.
El equipo de Luis García había encontrado algunas vías para escapar de la presión local y trató de conservar esa capacidad de progresión. Sin embargo, la ventaja permitió al Real Madrid jugar con mayor confianza y explotar las virtudes de la estructura diseñada por Mourinho.
Endrick buscó profundidad mediante desmarques hacia espacios interiores, mientras Bellingham comenzó a aparecer con mayor frecuencia como llegador desde la segunda línea. Güler, por su parte, aprovechó su libertad para distribuir el balón y conectar con los futbolistas que se proyectaban al ataque.
Una de las acciones más representativas de esa mejoría llegó cuando el turco habilitó a Valverde, quien progresó y envió un balón al área buscando a Mbappé. El uruguayo había encontrado el espacio adecuado, aunque el pase no terminó conectando con el delantero francés. Aun así, la jugada evidenció una mayor coordinación entre los movimientos del mediocampo y los desmarques ofensivos.
El Sevilla intentó responder mediante transiciones rápidas y el juego físico de Ure frente a Konaté. Hubo forcejeos, contactos y disputas que dificultaron la continuidad de las acciones, pero el Real Madrid consiguió recuperar el control y volver a instalarse en campo contrario.
En una de esas secuencias, Courtois intervino para asegurar la posesión y dio inicio a una nueva salida madridista. El balón llegó hasta la frontal del área, donde Bellingham participó con un toque de tacón que permitió a Mbappé recibir en condiciones favorables.
El francés resolvió la acción con una definición de gran categoría. Se giró, ejecutó un recorte seco ante Salas y combinó con rapidez frente a Odysseas antes de enviar el balón al fondo de la red. El gol reflejó su capacidad para crear ventajas en espacios reducidos y castigar cualquier desajuste defensivo.
La celebración madridista contrastó con las protestas del Sevilla, cuyos jugadores reclamaron una posible falta previa en la jugada. Sin embargo, la acción no modificó el resultado y el segundo tanto consolidó la ventaja del conjunto local, que comenzaba a traducir su superioridad en el marcador.
Antes del descanso, el Sevilla tuvo una oportunidad para reducir la diferencia. Agoume sacó un remate seco que parecía llevar suficiente potencia y dirección para complicar al arquero belga, pero Courtois respondió con una intervención extraordinaria. Su atajada fue determinante para mantener el 2-0 y evitar que el equipo visitante encontrara una recompensa antes de regresar a los vestuarios.
La intervención del guardameta volvió a demostrar que la eficacia madridista no dependía únicamente de sus atacantes. En un partido en el que el Sevilla también había encontrado espacios y generado peligro, Courtois aportó la seguridad necesaria para sostener una ventaja que todavía debía ser administrada durante todo el segundo tiempo.
El Sevilla reaccionó, pero Valverde sostuvo la ventaja blanca
Luis García decidió modificar la banda derecha después del descanso e introdujo a Ejuke en reemplazo de Vargas, buscando añadir velocidad y capacidad de desborde para atacar a la defensa madridista. El cambio apuntaba a aprovechar los espacios laterales y obligar al Real Madrid a retroceder, evitando que el conjunto blanco controlara el partido mediante la posesión.
La sustitución permitió al Sevilla ganar dinamismo en algunos pasajes, aunque no desapareció el malestar de sus aficionados con las decisiones arbitrales. Las reclamaciones continuaron presentes en el ambiente, pese a que el encuentro ofrecía también argumentos futbolísticos para que el equipo andaluz intentara acercarse en el marcador.
Diomande tuvo una oportunidad después de aprovechar un error de Juan Iglesias y, en otra acción, consiguió progresar tras una pared en la zona media que le permitió acercarse a la frontal. Sin embargo, en ambas situaciones le faltó precisión en el último toque para transformar su avance en una ocasión verdaderamente decisiva.
Ejuke también comenzó a generar problemas por su sector, especialmente cuando encaró a Cucurella y consiguió superarlo mediante su velocidad. La amenaza sevillista creció cuando Juan Iglesias se proyectó por la banda y envió un centro hacia el segundo palo, donde Correia conectó una volea que exigió una respuesta defensiva de máxima precisión.
Valverde apareció entonces con una intervención providencial, evitando que el remate se transformara en gol y manteniendo intacta la ventaja madridista. La acción volvió a reflejar la importancia de su despliegue: el uruguayo no solo aportaba recorrido y profundidad en ataque, sino que también estaba en condiciones de regresar para cubrir espacios y resolver situaciones defensivas de alto riesgo.
El Sevilla había encontrado argumentos para discutir el dominio del Real Madrid y estuvo cerca de reducir la diferencia. Sin embargo, el conjunto blanco resistió y volvió a golpear cuando encontró una nueva oportunidad para explotar la velocidad de sus delanteros.
Diomande envió un pase profundo hacia Mbappé, que atacó el espacio a la espalda de la defensa. En la acción, Castrín se cruzó en su trayectoria y el francés terminó cayendo dentro del área. El árbitro sancionó penal, una decisión que favoreció al Real Madrid y que amplió la frustración sevillista, ya condicionada por las controversias de la primera mitad.
Mbappé tomó la responsabilidad y modificó su habitual forma de resolver este tipo de acciones. En lugar de buscar potencia o colocar el balón junto a uno de los postes, ejecutó un Panenka perfecto, elevando la pelota con suavidad por el centro del arco mientras el guardameta se vencía hacia un costado.
El 3-0 parecía sentenciar el encuentro, aunque el Sevilla todavía encontró una ocasión para responder. El conjunto andaluz consiguió llegar nuevamente a la frontal y Fofana sacó un remate que obligó a Courtois a intervenir otra vez. El belga respondió con seguridad y evitó que la diferencia se redujera, consolidando su papel como una de las figuras de la tarde.
Los cambios bajaron la intensidad y el Sevilla encontró su premio
Con una ventaja amplia en el marcador, Mourinho comenzó a administrar los minutos y recurrió a las modificaciones para mantener el equilibrio del equipo. Güler abandonó el terreno de juego entre los aplausos del estadio, en reconocimiento a una actuación que había resultado determinante tanto por su gol como por su influencia en la circulación y en la organización ofensiva.
También ingresaron Bernardo y Brahim, este último de regreso después de su actuación frente al Inter. Las modificaciones buscaban mantener alternativas ofensivas y distribuir las cargas físicas antes del Clásico, en un momento en que el resultado parecía suficientemente controlado.
Sin embargo, la salida del mediocampista turco coincidió con una disminución de la intensidad madridista. El equipo perdió parte de la claridad que había mostrado en los tramos anteriores y permitió que el Sevilla encontrara más espacios para progresar.
El conjunto andaluz aprovechó esa circunstancia para acercarse con mayor frecuencia al área local. Manu Bueno avisó primero después de una falta ensayada, en una acción que mostró que el Sevilla todavía tenía capacidad para generar peligro pese a la diferencia de tres goles.
Poco después, el mismo futbolista encontró su oportunidad para marcar. Una pérdida de Mbappé dejó al Sevilla en condiciones de atacar y Manu Bueno resolvió la jugada con un remate raso de zurda, preciso y potente, que terminó superando a Courtois.
El descuento representó una recompensa para un equipo que, pese a las dificultades y al resultado adverso, nunca dejó de competir. El Sevilla había sufrido durante largos pasajes, pero también había generado ocasiones y encontrado momentos de buen funcionamiento. El gol permitió reflejar parte de ese esfuerzo en el marcador, aunque llegó cuando el encuentro entraba en su tramo definitivo.
La reacción visitante, sin embargo, duró poco. Diomande volvió a aparecer en ataque, esta vez con una acción individual de gran calidad. El futbolista arrancó desde la izquierda, encontró espacio para avanzar y conectó un derechazo imponente que terminó en el fondo de la red.
El 4-1 cerró definitivamente el encuentro y devolvió al Real Madrid una diferencia de tres goles. La anotación también tuvo un valor simbólico para el funcionamiento colectivo: Diomande, que había participado en la construcción del primer tanto de Güler, volvió a intervenir en una acción decisiva, demostrando que el equipo había encontrado aportes relevantes más allá de sus principales figuras ofensivas.
El Sevilla no pudo sostener la esperanza de una reacción más amplia, pero se marchó con la convicción de haber competido en distintos pasajes y con una indignación que, previsiblemente, continuará después del encuentro.
Una goleada que mejora las sensaciones antes de visitar al Barcelona
El triunfo por 4-1 permitió al Real Madrid recuperar confianza y llegar al Clásico con una perspectiva más favorable que la que había dejado en sus presentaciones anteriores. La victoria no solo se explica por la capacidad individual de Güler, Mbappé o Valverde, sino también por una distribución táctica que permitió al equipo actuar con mayor cohesión.
La presencia del turco en el eje del juego ofreció una salida más limpia y una mejor conexión entre el mediocampo y los atacantes. Valverde aportó despliegue, profundidad y capacidad de recuperación, mientras Diomande encontró espacios para proyectarse y participar en acciones determinantes. El resultado fue un Madrid más compacto, con mayores variantes ofensivas y una estructura que permitió aprovechar mejor las cualidades de sus futbolistas.
También mejoró el contexto para Vinicius, que encontró un equipo con más alternativas para progresar y generar espacios. La evolución colectiva no elimina todas las dudas, pero sí ofrece indicios de que Mourinho comienza a encontrar una fórmula capaz de reducir las desconexiones que habían condicionado el rendimiento madridista.
El desafío ahora será trasladar esas sensaciones a un escenario de máxima exigencia. El Barcelona representa una prueba diferente, tanto por su capacidad para controlar la posesión como por su facilidad para aprovechar los espacios que aparecen cuando el adversario pierde el orden. El Real Madrid necesitará sostener la intensidad, proteger mejor las transiciones y mantener la claridad ofensiva que exhibió frente al Sevilla.
Para el conjunto andaluz, en cambio, el encuentro deja una mezcla de frustración y orgullo competitivo. El equipo de Gabriel Suazo sufrió la eficacia del rival, recibió cuatro goles y no logró convertir sus mejores pasajes en una posibilidad real de disputar el resultado. Al mismo tiempo, generó oportunidades, encontró el descuento y mostró argumentos para competir, aunque terminó condicionado por decisiones arbitrales que consideró perjudiciales.
La polémica no puede borrar la superioridad madridista en el marcador ni la mejoría de su funcionamiento, pero tampoco explica por sí sola todas las dificultades sevillistas. El Real Madrid fue más contundente, aprovechó sus ocasiones y contó con un Courtois decisivo para evitar que el partido adquiriera otro desarrollo.
Con polémica o sin ella, el Real Madrid mostró una versión más sólida, dinámica y versátil, con Arda Güler como principal organizador y Mbappé como ejecutor. La goleada ante el Sevilla constituye una señal positiva antes del Clásico, aunque la verdadera dimensión de esta mejoría se conocerá cuando el conjunto blanco se mida al Barcelona. Allí deberá demostrar si la evolución observada en el Bernabéu alcanza para competir de igual a igual y frenar el avance de su máximo rival.

/Sol García Lineros, corresponsal de todo futbol en España. Fotos: diario Marca. Video: ESPN

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