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Boca,campeón a lo Boca: le ganó en el último minuto de descuento a Defensa y Justicia (Video del gol de Valencia)

Boca,campeón a lo Boca: le ganó en el último minuto de descuento a Defensa y Justicia (Video del gol de Valencia)

Hasta el minuto 95´era campeón Rosario Central de Vicente Pizarro, que le ganaba 2-0 a Estudiantes de Río Cuarto. El gol del ecuatoriano Valencia desató la euforia inc0ntrolable en La Bombonera. Carlos Palacios y Williams Alarcón festejaron desde el banco de suplentes Y Bryan Cortés vio como Argentinos perdía 0-2 con Huracán y quedaba relegado al tercer puesto

¿Qué quedaba por hacer? Prácticamente nada. El reloj de arena había agotado sus últimos granos y el tiempo parecía haberse convertido en el peor enemigo de Boca. Sin embargo, más allá de que los minutos se consumían inexorablemente, la sensación de vacío era todavía mayor dentro de un equipo que parecía haberse quedado sin respuestas. Sin ánimo, sin claridad futbolística, desgastado por el esfuerzo, con las piernas cada vez más pesadas y el espíritu golpeado por una definición que se le escapaba de las manos. Para colmo, su capitán ya no estaba en la cancha. Todo parecía conducir a un desenlace amargo, de esos que dejan una huella difícil de borrar.

¿Qué quedaba por hacer? Prácticamente nada. El reloj de arena había agotado sus últimos granos y el tiempo parecía haberse convertido en el peor enemigo de Boca. Sin embargo, más allá de que los minutos se consumían inexorablemente, la sensación de vacío era todavía mayor dentro de un equipo que parecía haberse quedado sin respuestas. Sin ánimo, sin claridad futbolística, desgastado por el esfuerzo, con las piernas cada vez más pesadas y el espíritu golpeado por una definición que se le escapaba de las manos. Para colmo, su capitán ya no estaba en la cancha. Todo parecía conducir a un desenlace amargo, de esos que dejan una huella difícil de borrar.

Pero el equipo del Vasco todavía tenía una última reserva de energía. No había bajado los brazos y, cuando prácticamente nadie encontraba argumentos para imaginar otro desenlace, apareció esa jugada que cambió definitivamente la historia. La pelota enviada por Blanco cruzó el cielo de una Bombonera silenciosa, expectante y golpeada por la incertidumbre. Borgogno dudó, no consiguió controlar el balón y lo dejó caer en una zona decisiva. Fue apenas un segundo, pero pareció una eternidad. En ese instante, miles de hinchas empujaron simbólicamente con el alma la pierna de Enner Valencia, quien conectó un remate violentísimo, un auténtico fierrazo que terminó convirtiéndose en una sentencia. La pelota llegó al fondo de la red y la Bombonera, que hasta entonces había permanecido contenida por la angustia, estalló en una explosión de alegría difícil de describir.

Valencia la metió en la última y le dio el título a Boca (Foto: FOTOBAIRES).

Fue el desenlace perfecto para poner fin a casi cuatro años de sufrimientos, frustraciones y desencantos. Desde la última consagración, en marzo de 2023, Boca había atravesado una de las etapas más oscuras de su historia reciente. Demasiadas expectativas incumplidas, golpes deportivos y oportunidades desperdiciadas habían convertido cada nueva definición en una prueba de carácter. Por eso, esta conquista tenía un significado que iba mucho más allá de una posición en la tabla o de un trofeo. Era la posibilidad de cerrar un ciclo de frustraciones y recuperar una identidad competitiva que el club necesitaba reencontrar.

Y tenía que terminar de esa manera: con sufrimiento, lucha, incertidumbre y una demostración de resiliencia de un grupo que llegó con la intención de reivindicarse y que, en una sola tarde, consiguió saldar buena parte de sus cuentas pendientes con la historia reciente. De ahí la dimensión de los festejos. Los futbolistas corrieron hacia la Doce, celebraron frente a sus hinchas y después recorrieron cada rincón del Templo, saltando, abrazándose y fundiéndose en una celebración colectiva, como si no existieran alambrados ni distancias entre los protagonistas y quienes habían acompañado al equipo durante los momentos más difíciles. Durante el partido fueron profesionales; una vez consumada la victoria, celebraron como auténticos hinchas. La emoción terminó imponiéndose sobre cualquier protocolo.

Boca tuvo que luchar hasta el último segundo para quedarse con el campeonato, porque en este torneo, atravesado por controversias, sospechas y cuestionamientos, nadie le regaló absolutamente nada. Es cierto que el superclásico dejó numerosos episodios para el análisis y abrió un debate que todavía puede prolongarse, pero también es necesario reconocer los méritos deportivos del equipo del Vasco. Boca fue un justo campeón porque construyó su consagración en la cancha, consiguió los puntos necesarios por sus propios medios y demostró, a lo largo de la competencia, una superioridad futbolística que terminó marcando diferencias respecto de sus principales adversarios.

Su campaña tuvo fundamentos individuales y colectivos. Contó con futbolistas capaces de resolver partidos a partir de sus condiciones técnicas, su personalidad y su capacidad para aparecer en los momentos decisivos, pero también desarrolló una estructura de equipo que le permitió sostener una regularidad difícil de igualar. Esa combinación de talento, equilibrio y competitividad lo convirtió durante buena parte del torneo en un conjunto prácticamente imbatible.

Sin embargo, la consagración también dejó algunas señales de desgaste que estuvieron muy cerca de costarle demasiado caro. Boca pareció no dimensionar inicialmente la importancia del momento que estaba atravesando. La posibilidad de perder el campeonato comenzó a hacerse tangible cuando la tarde avanzaba y Rosario Central conseguía imponerse ante Estudiantes de Río Cuarto en Arroyito. En ese escenario, la tranquilidad que había caracterizado al equipo del Vasco se transformó rápidamente en una tensión inocultable. Los nervios comenzaron a trasladarse al funcionamiento colectivo y aquello que durante el primer tiempo se había manifestado de manera más disimulada terminó adquiriendo una dimensión mucho más evidente.

¿Boca enfrentó el compromiso ante Defensa y Justicia con demasiada calma? ¿Confió excesivamente en sus posibilidades y en la ventaja que había construido? Es probable que haya existido una cuota de exceso de confianza, aunque el problema no estuvo necesariamente en la actitud general del equipo, sino en la manera en que interpretó el comienzo del encuentro. Al planteamiento inicial le faltó intensidad, determinación y, sobre todo, esa agresividad competitiva que suele resultar indispensable cuando se disputa una final. Boca salió a jugar con el cuchillo todavía guardado en el estuche, cuando las circunstancias exigían tenerlo entre los dientes desde el primer minuto.

Tampoco puede desconocerse el mérito del adversario. Defensa y Justicia es un equipo que tiene una identidad futbolística definida, un libreto de juego reconocible y la capacidad para llevarlo adelante incluso cuando enfrenta a rivales de mayor jerarquía individual. El conjunto de Vaccari privilegia la elaboración desde el pase, busca progresar con la pelota al piso y procura construir sus ataques a partir de movimientos coordinados. Sin embargo, esa vocación ofensiva no significa que descuide sus responsabilidades defensivas. Por el contrario, presenta una estructura equilibrada, con mecanismos de funcionamiento que le permiten protegerse y, al mismo tiempo, encontrar espacios para lastimar.

Precisamente, esa capacidad para manejar el balón terminó convirtiéndose en un obstáculo para las intenciones de Boca. La circulación de Defensa y Justicia fue un antídoto eficaz frente a la presión del conjunto del Vasco, que en demasiadas ocasiones llegó tarde a los movimientos del rival o ejecutó una presión a medias. Esa falta de sincronización le quitó una de sus principales herramientas ofensivas: recuperar la pelota en campo contrario, aprovechar los espacios generados por el adversario y atacar rápidamente antes de que pudiera reorganizarse. Una de las fórmulas que habían convertido a Boca en un equipo tan efectivo durante el campeonato quedó neutralizada durante largos pasajes del encuentro.El festejo de Boca campeón (Foto: Fernando de la Orden).

De esa manera, el partido comenzó a transitar por un terreno incómodo para el local. Boca acumulaba aproximaciones, insinuaba peligro y conseguía instalarse por momentos en territorio rival, pero le costaba transformar ese dominio territorial en situaciones realmente contundentes. El desarrollo se fue haciendo cada vez más impreciso y el encuentro terminó convirtiéndose en una prueba de paciencia para los dirigidos por el Vasco.

Los espacios escaseaban, las líneas defensivas de Defensa y Justicia cerraban los caminos y las alternativas ofensivas del conjunto xeneize comenzaban a repetirse. En ese contexto, Villa fue uno de los pocos futbolistas capaces de romper la monotonía del juego. Recostado sobre el sector derecho, encontró algunas posibilidades para desequilibrar mediante su velocidad, sus desbordes y su capacidad para ganar los duelos individuales. Sus intervenciones aportaron profundidad y obligaron al adversario a prestar especial atención a ese costado.

Más allá de esos destellos, Boca estuvo lejos de mostrar todas las virtudes que lo habían llevado a competir con tanta eficacia en los distintos frentes. Le faltó claridad en la elaboración, precisión en los últimos metros y capacidad para encontrar soluciones cuando el desarrollo del partido se volvía adverso. El equipo insistió, pero no siempre con argumentos diferentes. Se repitieron algunas fórmulas, disminuyó la fluidez colectiva y el desgaste físico comenzó a hacerse cada vez más evidente. Lo que inicialmente parecía una tarde controlada terminó transformándose en un compromiso mucho más complejo de lo que se podía imaginar.

¿Pudo Boca resolver el encuentro antes de llegar a ese desenlace dramático? Sí, aunque las oportunidades claras tampoco fueron numerosas. Una de las más importantes estuvo en los pies de Merentiel, quien tuvo la posibilidad de convertir cuando Borgogno ya había quedado fuera de acción, después de una contra encabezada por Villa. También aparecieron, prácticamente sobre el cierre, dos ocasiones de Jagger Herrera, cuando el partido ingresaba en sus últimos instantes y la incertidumbre comenzaba a apoderarse definitivamente de la Bombonera.

Pero el equipo también tuvo que soportar momentos de verdadero sufrimiento, especialmente durante la primera mitad. Defensa y Justicia encontró espacios para inquietar y estuvo cerca de modificar el resultado. Montero tuvo intervenciones determinantes para evitarlo: primero, al resolver un mano a mano frente a Gutiérrez y, posteriormente, al responder ante dos cabezazos de Martínez, uno de los cuales terminó estrellándose contra el palo. Fueron acciones que recordaron que Boca no tenía el partido bajo control y que cualquier descuido podía terminar convirtiéndose en un golpe prácticamente irreversible.

Ese equilibrio entre las ocasiones desperdiciadas por el local y las oportunidades que tuvo el visitante explica buena parte de la tensión que acompañó el desarrollo. Boca no consiguió imponer con claridad su superioridad, permitió que Defensa y Justicia se sintiera cómodo durante determinados pasajes y llegó a los minutos finales con una carga física y emocional considerable. La definición parecía exigirle algo más que fútbol: necesitaba personalidad, convicción y una capacidad de resistencia que le permitiera mantenerse de pie cuando todo parecía jugar en su contra.

Y eso fue precisamente lo que terminó encontrando. Cuando las fuerzas comenzaban a agotarse, cuando el reloj parecía conspirar definitivamente contra sus aspiraciones y cuando la posibilidad de quedarse sin nada estaba cada vez más cerca, Boca encontró en el deseo de no rendirse el impulso que necesitaba. No fue una exhibición futbolística ni una demostración de superioridad durante los 90 minutos, pero sí una expresión de carácter que terminó resultando decisiva.El festejo de Boca campeón (Foto: Fernando de la Orden).

El gol de Enner Valencia quedará grabado para siempre en la memoria y en el corazón de los hinchas de Boca. No solamente por su importancia en el resultado, sino por todo lo que representó: el alivio después de tantos desencantos, la recompensa a una campaña que tuvo méritos indiscutibles y la posibilidad de recuperar la felicidad en un escenario que había conocido demasiadas frustraciones durante los últimos años.

La Bombonera explotó. La angustia se transformó en euforia, los silencios dieron paso a los gritos y los abrazos reemplazaron a la incertidumbre. Fue una de esas tardes en las que el fútbol demuestra que su capacidad para generar emociones no depende exclusivamente de la belleza del juego, sino también de la intensidad de las historias que se construyen alrededor de una pelota.

Boca consiguió su objetivo cuando parecía que el tiempo ya no le ofrecía ninguna oportunidad. Lo hizo sufriendo, resistiendo y encontrando una última respuesta en el momento más inesperado. La consagración en la Tabla Anual tuvo así un desenlace a la altura de su significado: una conquista trabajada, discutida y finalmente celebrada con el desahogo de quien necesitaba volver a sentirse protagonista.

La imagen final fue la de un estadio entregado por completo a la alegría, con jugadores e hinchas unidos en una celebración que parecía poner punto final a una larga espera. Después de casi cuatro años de frustraciones, Boca volvió a levantar los brazos. Y lo hizo con un gol agónico, una Bombonera desbordada de emoción y una consagración que le devuelve la ilusión a todo el mundo xeneize.

Boca campeón de la Tabla Anual. Un título conseguido con sufrimiento, pero también con argumentos futbolísticos y carácter. Un campeón con todas las letras.boca campeon scaled

 

/Julián Lautaro Luque, corresponsal de todo futbol en Argentina. Fotos:Olé de Buenos Aires. Video. ESPN

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