Carlos Palacios ingresó en el xeneize al final del encuentro que concluyó 1-0 y fue marcado por la actuación del árbitro que expulsó a dos jugadores del Millonario
Boca Juniors se quedó con una nueva edición del Superclásico del fútbol argentino al derrotar por 1-0 a River Plate en la Bombonera, en un encuentro correspondiente a la fecha 15 del Torneo Clausura. El equipo dirigido por Arruabarrena celebró ante su público una victoria de enorme trascendencia, tanto por el significado deportivo de imponerse ante su tradicional adversario como por las consecuencias que puede tener en sus aspiraciones de la temporada.
El Xeneize atraviesa un momento extraordinario y mantiene abiertas sus posibilidades en distintos frentes competitivos. Con estos tres puntos, quedó a solamente una victoria de asegurarse el primer puesto de la tabla anual, un objetivo que le permitiría ratificar su regularidad a lo largo del año y consolidar su protagonismo en el fútbol argentino. River, en cambio, terminó profundamente condicionado por las expulsiones y sufrió una derrota que complica seriamente sus posibilidades de acceder a la próxima Copa Libertadores.
El encuentro estuvo marcado por el polémico desempeño del árbitro Nicolás Ramírez, quien tuvo varias intervenciones determinantes y terminó expulsando a dos futbolistas del conjunto visitante: Lucas Martínez Quarta y Gonzalo Montiel. En el equipo local, siete jugadores recibieron tarjetas amarillas, aunque algunas acciones también generaron cuestionamientos por posibles sanciones disciplinarias más severas.
La primera gran controversia llegó cuando apenas se disputaban seis minutos. Miguel Merentiel se escapaba con posibilidades concretas de quedar mano a mano con el arquero rival, pero Lucas Martínez Quarta lo derribó en una acción que inicialmente no fue sancionada por el juez principal. Sin embargo, desde el VAR advirtieron a Ramírez sobre la jugada y lo invitaron a revisar las imágenes.
Después de observar la acción, el árbitro modificó su decisión y determinó la expulsión del defensor de River. La determinación provocó airadas protestas del conjunto millonario y modificó considerablemente el desarrollo del encuentro, ya que Boca pasó a disponer de una ventaja numérica que le permitió asumir mayor protagonismo y adelantar sus líneas.
Con un futbolista más, el Xeneize comenzó a manejar los tiempos, adelantó su posicionamiento y buscó explotar los espacios que dejaba un River obligado a reorganizarse. La superioridad comenzó a reflejarse en el desarrollo y tuvo su recompensa a los 27 minutos, cuando llegó la apertura de la cuenta.
La conquista nació de una pelota detenida. Sebastián Villa ejecutó un tiro de esquina desde el sector derecho y envió un centro hacia el corazón del área. Allí apareció Di Lollo, quien consiguió desprenderse de su marcador, anticipó a la defensa y conectó un certero cabezazo para establecer el 1-0. La Bombonera explotó de alegría y el equipo de Arruabarrena encontró la recompensa a su insistencia.
A partir de ese momento, Boca asumió prácticamente todo el protagonismo. River tuvo enormes dificultades para construir juego y encontrar alternativas ofensivas, mientras el conjunto local administraba la ventaja y buscaba aprovechar su superioridad numérica.
El cierre de la primera etapa también estuvo acompañado de discusiones y amonestaciones. Ramírez mostró cuatro tarjetas amarillas: Di Lollo, Herrera y Paredes fueron sancionados en Boca, mientras que Marcos Acuña recibió la misma amonestación en River, después de un encontronazo con el mediocampista local.
En el comienzo del segundo tiempo, River intentó modificar su postura y adelantó algunos metros sus líneas, buscando recuperar presencia en campo contrario. Sin embargo, ese esfuerzo no se tradujo en situaciones claras de peligro. Al equipo visitante le faltó profundidad, precisión y capacidad para superar a una defensa de Boca que se mostró ordenada.
A los 12 minutos llegó otro momento de tensión. Los futbolistas de River reclamaron una segunda tarjeta amarilla para Leandro Paredes, pero Ramírez decidió continuar el juego sin atender las protestas del conjunto visitante. La decisión incrementó el malestar millonario con el arbitraje.
Más adelante, Lautaro Blanco protagonizó una fuerte entrada sobre Galván que terminó con tarjeta amarilla. La acción también generó cuestionamientos, ya que desde River consideraron que podía haber sido revisada por el VAR para determinar si correspondía una sanción mayor.
Los minutos transcurrían y el partido perdía intensidad futbolística. Boca controlaba el desarrollo sin asumir riesgos innecesarios, mientras River intentaba encontrar alguna vía para llegar al empate, aunque sus dificultades para generar juego ofensivo eran evidentes.
La polémica volvió a instalarse a los 34 minutos del complemento. Gonzalo Montiel fue con una barrida abajo sobre Lautaro Blanco y Ramírez no dudó en mostrarle la tarjeta roja. De esta manera, River terminó el encuentro con nueve futbolistas, en una nueva decisión arbitral que generó controversia y protestas.
Con dos hombres menos, las posibilidades de reacción del Millonario quedaron prácticamente reducidas. Boca tuvo espacios para buscar el segundo tanto y estuvo cerca de conseguirlo mediante un remate de Velasco que terminó estrellándose en el palo, en lo que fue una de las oportunidades más claras de la segunda mitad.
Finalmente, el marcador no volvió a modificarse y el Xeneize celebró una victoria que tuvo un enorme significado deportivo y anímico.
Boca mira todos los objetivos y River queda contra las cuerdas
El triunfo representa mucho más que una alegría por derrotar al tradicional rival. Boca consiguió asegurar su participación en la próxima Copa Libertadores y quedó a una victoria de conquistar la tabla anual, lo que constituye uno de sus principales objetivos inmediatos.
En la última jornada enfrentará a Defensa y Justicia, encuentro en el que tendrá la posibilidad de conseguir el primer puesto y celebrar ante su gente. Pero el calendario todavía le reserva otros desafíos importantes: continúa en carrera en la Copa Argentina, donde alcanzó las semifinales, tiene por delante la final de la Copa Sudamericana frente a Atlético Mineiro y también mantiene sus aspiraciones en el Torneo Clausura.
El panorama de River es considerablemente más complejo. La derrota en la Bombonera representa un golpe importante para sus aspiraciones internacionales, dejándolo prácticamente fuera de la pelea por alcanzar los puestos de clasificación a la Copa Libertadores a través de la tabla anual.
El Millonario deberá cerrar su participación en la fase de grupos frente al descendido Aldosivi, con la obligación de recuperar su funcionamiento y concentrar sus últimas energías en el Torneo Clausura.
Boca celebró una victoria de enorme valor, se quedó con el orgullo del Superclásico y reforzó su candidatura en una temporada en la que pretende pelear por todos los títulos. River, por su parte, se marchó de la Bombonera con una derrota dolorosa, dos expulsados y un escenario deportivo que comienza a complicarse seriamente.

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