No existe un mensaje más incómodo para cualquier rival que comprobar que el mejor equipo del mundo también puede ganar cuando no juega bien, cuando debe sufrir y cuando el partido parece escaparse de sus manos.
España atravesó una noche de altibajos en Wembley, escenario de enorme carga simbólica donde estrenaba sus dos estrellas, y terminó saliendo fortalecida de una prueba que, por momentos, la llevó al límite.
El campeón del mundo no necesitó desplegar su versión más brillante para imponerse a Inglaterra. Tuvo dificultades, sufrió durante largos pasajes y debió sobreponerse a situaciones adversas, pero terminó encontrando los recursos necesarios para sacar adelante un encuentro que tenía todos los ingredientes para convertirse en una prueba especialmente exigente. El triunfo frente a los ingleses significó, además, un comienzo victorioso en su camino por la Nations League y extendió una impresionante estadística: España ya acumula 40 partidos oficiales consecutivos sin conocer la derrota.
Wembley aparecía como el escenario perfecto para una noche especial. Pocos estadios representan tanto para el fútbol mundial y pocos lugares podían ofrecer una postal tan potente para una selección que llegaba después de conquistar el planeta. Las dos estrellas sobre el escudo español reclamaban protagonismo y el partido invitaba a pensar en una celebración a la altura de la historia reciente de La Roja.
Y el comienzo pareció confirmar esa expectativa.
España salió con personalidad y encontró rápidamente una grieta en la defensa inglesa. Guehi se complicó solo con el balón y Lamine Yamal, atento al error, aceleró inmediatamente la jugada. El atacante español recuperó la pelota, elevó las revoluciones, ingresó al área y sacó un zurdazo que terminó estrellándose en el poste antes de alojarse en la red.
El golpe fue inmediato y Wembley quedó prácticamente en silencio. La única voz que se escuchaba con claridad era la de los 4.700 aficionados españoles que acompañaron al campeón mundial y celebraron un gol que parecía prolongar el estado de gracia de una selección que viene acostumbrándose a jugar partidos grandes con una enorme convicción.
Inglaterra, en cambio, no consiguió procesar bien el golpe. El equipo dirigido por Tuchel mostró inseguridad con la pelota y comenzó a cometer errores que España estuvo cerca de transformar en una diferencia mayor. La presión española encontraba espacios y el conjunto local parecía incapaz de recuperar el control del partido.
El problema para los ingleses fue que cada pérdida podía transformarse en una situación de peligro. Anderson volvió a equivocarse en la salida, aunque esta vez tuvo la fortuna de que el jugador que recuperó el balón fue Cucurella y no Lamine Yamal. La acción terminó solamente en un córner, pero era una nueva señal de que España había conseguido instalar el partido en el terreno que más le convenía.
Durante ese tramo, la selección española tuvo al rival prácticamente a su merced. Dominaba el escenario, encontraba espacios y disponía de opciones para ampliar la diferencia. Lo que le faltó fue algo tan determinante como el dominio: eficacia frente al arco.
Ahí apareció la figura de Ferran Torres, quien no consiguió repetir la precisión que había mostrado en Nueva York. El delantero valenciano tuvo oportunidades suficientes como para haber modificado mucho antes el desarrollo del encuentro.
En su primera gran aparición frente al arco consiguió marcar, pero el tanto fue invalidado por posición de fuera de juego. La jugada, sin embargo, advertía del peligro que estaba generando España cada vez que aceleraba.
Después llegaría una ocasión todavía más clara. Lamine Yamal encontró a Ferran con un pase que prácticamente lo dejaba frente a la definición. El delantero tenía dos alternativas: rematar ante Trafford o asistir a Nico, que aparecía con posibilidades de recibir el balón en una posición favorable. Ferran decidió finalizar la acción por su cuenta, pero su disparo terminó demasiado centrado y el arquero inglés consiguió responder.
No sería la última oportunidad que tendría el valenciano.
La secuencia resumía, en buena medida, una de las características que terminarían definiendo la noche española: el equipo tenía argumentos para haber resuelto el encuentro mucho antes, pero dejó con vida a Inglaterra. Y cuando un rival de ese nivel sobrevive a los momentos en que parece contra las cuerdas, inevitablemente el partido comienza a adquirir otra dimensión.
España había comenzado dominando, había golpeado primero y había generado las ocasiones más claras, pero la falta de contundencia mantenía abierta una puerta que Inglaterra podía utilizar en cualquier momento.
Y precisamente ahí apareció la otra gran enseñanza de la jornada: incluso cuando el campeón no encuentra su mejor fútbol, mantiene suficientes recursos individuales y colectivos para competir hasta el final. Lamine Yamal aportó desequilibrio y electricidad, mientras otros jugadores asumieron la responsabilidad cuando el desarrollo del encuentro comenzó a complicarse.
Entre ellos destacó especialmente Baena, quien terminó apareciendo cuando España más necesitaba recuperar el control y cuando el partido amenazaba con cambiar definitivamente de dueño.
La victoria, por lo tanto, adquiere una dimensión que va más allá del resultado. España no necesitó dominar durante los 90 minutos ni ofrecer una actuación perfecta para volver a imponerse en un escenario de máxima exigencia. También sabe ganar cuando debe resistir, cuando tiene que sufrir y cuando las cosas no salen como estaban previstas.
Y para sus próximos rivales, esa puede ser una de las señales más difíciles de ignorar.
Porque el campeón mundial no solamente conserva el talento que lo llevó hasta la cima. También está desarrollando esa capacidad propia de los grandes equipos para sobrevivir a sus peores momentos y convertir partidos incómodos en victorias.
En Wembley, además, lo hizo ante Inglaterra y en un escenario cargado de historia. Las dos estrellas españolas encontraron así una presentación acorde con su significado, mientras la selección prolongó una racha que ya alcanza los 40 partidos oficiales consecutivos sin perder.
Una estadística que vuelve a poner en perspectiva la magnitud del momento que atraviesa España: incluso en una noche de altibajos, cuando tuvo que sufrir y cuando estuvo lejos de ofrecer su versión más brillante, volvió a encontrar la manera de ganar.
/Sol García Lineros, corresponsal de todofutbol en España. Video ESPN

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