Boca Juniors sufrió un duro golpe al caer por 1-0 ante Vasco da Gama en La Bombonera, en el partido de ida de las semifinales de la Copa Sudamericana. El conjunto argentino no logró aprovechar la localía y ahora deberá buscar una victoria en Brasil si pretende revertir la serie y mantener vivo el sueño de conquistar el título continental. La derrota dejó en evidencia las dificultades de un equipo que, pese a asumir el protagonismo durante algunos pasajes, careció de claridad ofensiva, organización en el mediocampo y eficacia en los momentos decisivos.
La ausencia por lesión de Leandro Paredes condicionó el funcionamiento del equipo y obligó a Rodolfo Arruabarrena a introducir variantes que terminaron sin entregar los resultados esperados. El entrenador sorprendió con la inclusión de los chilenos Carlos Palacios y Williams Alarcón en el mediocampo, además de apostar por Enner Valencia en lugar de Miguel Merentiel como referencia ofensiva. Sin embargo, los tres futbolistas tuvieron un rendimiento muy opaco y estuvieron lejos de responder a las exigencias de un encuentro de esta trascendencia.
Boca comenzó el partido con una actitud ofensiva, intentando imponer condiciones a partir de la presión y los ataques por las bandas. Durante el primer cuarto de hora, el equipo argentino consiguió instalarse en campo rival y buscó abrir espacios mediante las proyecciones de sus laterales y la circulación hacia los extremos. Vasco da Gama, en cambio, optó por un planteamiento más paciente, con líneas ordenadas y sin desesperarse ante el dominio territorial del anfitrión. La estrategia brasileña consistía en resistir los primeros embates y aprovechar los espacios que dejara Boca cuando perdiera la pelota.
Ese plan encontró su recompensa a los 25 minutos, cuando el conjunto visitante detectó una debilidad en el sector derecho de la defensa xeneize. A espaldas de Leandro Lozano, Vasco encontró un terreno favorable para desarrollar una transición ofensiva que terminaría siendo decisiva. Andrés Gómez avanzó por ese costado y envió un centro ante la tardía reacción del lateral de Boca. En el área, Adson le ganó el duelo a Facundo Herrera y definió para establecer el 1-0. La jugada expuso los problemas defensivos del equipo argentino y castigó una desatención que el rival supo aprovechar con precisión.
¡GOL DE VASCO DA GAMA!
Adson ganó de cabeza y puso el 1-0 del equipo brasileño ante Boca en la Bombonera.
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El gol modificó el escenario del encuentro. Vasco da Gama encontró la tranquilidad necesaria para reforzar su planteamiento, mientras Boca quedó obligado a asumir mayores riesgos, aunque sin las herramientas futbolísticas para transformar su posesión en ocasiones claras. El equipo de Arruabarrena terminó la primera mitad sin remates al arco de la portería brasileña, una estadística que reflejó sus dificultades para generar peligro real. Pese a ese panorama, el entrenador decidió mantener la formación inicial para el comienzo del segundo tiempo, apostando por una reacción de sus dirigidos con los mismos protagonistas que no habían logrado desequilibrar antes del descanso.
La falta de Paredes se hizo especialmente visible en la construcción del juego. Sin su capacidad para ordenar la circulación, administrar los tiempos y conectar las distintas líneas, Boca mostró un mediocampo desarticulado y una preocupante dependencia de los avances individuales. Cada pérdida de balón representaba una amenaza, porque el equipo quedaba expuesto a las transiciones rápidas del conjunto brasileño. La dificultad no radicaba únicamente en la ausencia de un futbolista, sino también en la incapacidad colectiva para encontrar alternativas que permitieran sostener el dominio y generar superioridad en los sectores ofensivos.
A los 54 minutos llegó la primera ocasión de peligro importante para Boca. Blanco envió un centro que terminó tomando dirección de portería y se estrelló en el palo, en una acción que estuvo cerca de cambiar el rumbo del encuentro. La jugada alimentó la esperanza de una reacción, aunque también dejó en evidencia que el equipo argentino necesitaba mucho más que aproximaciones aisladas para quebrar la resistencia visitante.
A los 58 minutos, el Vasco Arruabarrena movió sus piezas y envió a la cancha a Sebastián Villa en reemplazo de Williams Alarcón. La modificación se produjo antes de una de las acciones más insólitas de la noche, que terminaría alterando las condiciones del partido. A los 64 minutos, Andrés Gómez fue expulsado después de recibir dos tarjetas amarillas en apenas cinco segundos, dejando a su equipo con diez jugadores cuando todavía quedaba un tramo importante por disputar.
¡INSÓLITA EXPULSIÓN DE GÓMEZ!
El jugador de Vasco da Gama vio la doble amarilla por empujar a Piero Maza. Boca tiene un jugador más en la Bombonera.
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La secuencia tuvo un desarrollo tan inesperado como perjudicial para el conjunto brasileño. Gómez impidió inicialmente la ejecución de un tiro libre, situación que llevó al árbitro chileno Piero Maza a mostrarle la primera tarjeta amarilla. Sin embargo, el colombiano reaccionó empujando al juez, una conducta que provocó la inmediata respuesta de Maza, quien volvió a amonestarlo y posteriormente le mostró la tarjeta roja. La expulsión dejó a Vasco en inferioridad numérica y abrió una oportunidad inmejorable para que Boca modificara el desarrollo del encuentro.
En medio de las protestas de los jugadores visitantes, Arruabarrena decidió recurrir a Miguel Merentiel, quien ingresó por Carlos Palacios para reforzar el ataque. Vasco, por su parte, respondió con el ingreso de Tchê Tchê en lugar de Adson, buscando reorganizar sus líneas y compensar la pérdida de un hombre. Desde ese momento, el partido adquirió una dinámica distinta: Boca adelantó sus posiciones, aumentó la presión y comenzó a acumular jugadores cerca del área rival, mientras el conjunto brasileño se replegó para defender la ventaja con un bloque más compacto.
Con superioridad numérica, el Xeneize logró encerrar a Vasco da Gama contra su propia portería y generó varias oportunidades para alcanzar el empate. Enner Valencia tuvo una ocasión de cabeza que no consiguió convertir, mientras el equipo argentino incrementaba su presencia ofensiva y buscaba por distintas vías superar la resistencia visitante. La oportunidad más clara llegó con un remate de Ascacibar que se estrelló en el travesaño, ahogando el grito de gol de La Bombonera y prolongando la frustración de los hinchas.
A falta de 15 minutos, Boca volvió a rozar la igualdad cuando Blanco envió un centro rasante que atravesó una zona peligrosa del área sin que ninguno de sus compañeros consiguiera conectar el balón. La pelota terminó saliendo muy cerca del palo, en otra acción que resumió la noche del conjunto argentino: presencia ofensiva, insistencia y oportunidades para empatar, pero una alarmante falta de precisión en la resolución de las jugadas.
Durante el tramo final, Boca acumuló posesión y empujó a su rival hacia su propio campo, aunque esa superioridad territorial no se tradujo en la eficacia que necesitaba. El equipo atacó más por impulso que por elaboración, con dificultades para encontrar espacios ante una defensa brasileña que resistió el asedio y protegió la mínima diferencia. La falta de claridad en los últimos metros terminó convirtiéndose en el principal obstáculo para una remontada que, por momentos, pareció estar al alcance de la mano.
La derrota dejó a Boca Juniors frente a un desafío complejo para el encuentro de vuelta. El conjunto argentino tendrá que viajar a Brasil con la obligación de ganar y demostrar una versión muy distinta de la que ofreció en La Bombonera, especialmente en la construcción del juego, la generación de ocasiones y la definición. La ausencia de Paredes evidenció problemas de funcionamiento que Arruabarrena deberá resolver con rapidez, mientras que el bajo rendimiento de algunas de sus principales apuestas ofensivas abre interrogantes sobre las alternativas disponibles para la revancha.
Vasco da Gama, en tanto, consiguió un resultado valioso gracias a su disciplina táctica, su capacidad para aprovechar una desatención defensiva y su resistencia en inferioridad numérica durante el tramo decisivo. Aunque la expulsión de Andrés Gómez complicó sus planes, el equipo brasileño logró sostener la ventaja y llevarse de La Bombonera una diferencia que puede resultar determinante.
Boca todavía tiene margen para cambiar la historia, pero la revancha exigirá mucho más que empuje y voluntad. Para seguir en carrera por la Copa Sudamericana, necesitará recuperar el orden colectivo, encontrar soluciones ante la ausencia de su principal organizador y convertir las ocasiones que en la ida terminaron desperdiciadas. En Brasil, el Xeneize se jugará la continuidad de su sueño continental.
/Julián Lautaro Luque, corresponsal de todo futbol en Argentina Fotos Conmebol. Videos DSports

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