El Betis protagonizó una de esas actuaciones que pueden marcar el rumbo de una temporada.
El conjunto de Manuel Pellegrini se llevó un partidazo de La Cerámica, derrotó por 2-1 al Villarreal y confirmó que su extraordinario comienzo de campeonato no es producto de una racha pasajera. Los verdiblancos no solo consiguieron tres puntos ante un rival directo, sino que lo hicieron desde una superioridad futbolística que incluso dejó corto el resultado final.
Los goles de Cucho y Natan en la primera parte terminaron decidiendo un encuentro que pudo haber tenido una diferencia mucho mayor. En el complemento, Bellerín, Antony, Deossa, Cucho y Fornals dispusieron de oportunidades suficientemente claras como para ampliar la ventaja, pero la falta de precisión en la definición y las intervenciones de Gulasci mantuvieron con vida al conjunto amarillo hasta el último minuto.
El triunfo, además, habla de la capacidad de Manuel Pellegrini para administrar una plantilla que empieza a mostrar una profundidad de lujo. El estreno de Dani Ceballos y Lo Celso esta temporada permitió al técnico introducir variantes sin perder calidad, mientras que jugadores como Deossa aprovecharon sus minutos para enviar un mensaje contundente. El colombiano ingresó con personalidad, atacó los espacios, generó ocasiones y estuvo cerca de marcar, convirtiéndose en una de las grandes noticias individuales de la jornada.
Pero el triunfo también tuvo una explicación colectiva. El Betis fue solidario para defender, inteligente para atacar y extraordinariamente eficaz para interpretar los distintos momentos del partido. Dos centrales soberbios, dos laterales que ofrecieron soluciones constantes, un portero seguro y, en el centro de todo, Marc Roca, cuya actuación fue fundamental para darle equilibrio al equipo. El catalán firmó un partido de enorme jerarquía, funcionando como ese futbolista que permite que los demás puedan jugar más arriba y con mayor libertad.
La dimensión de la victoria se entiende todavía mejor al mirar la clasificación. El Betis derrotó en su propia casa a un adversario que aparecía como uno de sus teóricos pares y ahora lo observa desde una distancia de diez puntos, una diferencia que refleja la magnitud de lo conseguido. Es un triunfo de peso, de esos que no solo suman tres unidades, sino que fortalecen una candidatura y generan confianza en torno a un proyecto.
Un primer tiempo para guardar en la memoria
La primera mitad fue sencillamente una locura futbolística. Una oda al juego ofensivo, al riesgo y a la búsqueda permanente del arco contrario. El ritmo fue desatado, los ataques se sucedieron de área a área y las defensas parecieron caminar permanentemente sobre el alambre. Fue fútbol de ataque en estado puro, un auténtico ejercicio de rock & roll que difícilmente podía mantenerse durante noventa minutos.
Las ocasiones se acumularon desde el comienzo. Bellerín tuvo el primer gol con un remate de zurda que encontró la respuesta de Gulasci. Apenas un minuto después, Gerard se deshizo de Bartra y el remate de Comesaña fue despejado por Valles, con la ayuda del larguero. Poco después, un tanto de Gerard fue anulado por posición de fuera de juego.
El Betis también avisó. Cucho protagonizó una buena acción, abrió hacia Bellerín y Fornals estuvo cerca de conectar para convertir. En el otro arco, Buchanan marcó después de que su remate se desviara en Bartra y dibujara una parábola imposible para Valles, pero el VAR anuló el tanto por una posición antirreglamentaria milimétrica.
El Villarreal continuó insistiendo. Valles volvió a aparecer para desviar un remate al primer palo de Mikautadze, pero finalmente llegó la apertura de la cuenta. Renato Veiga quedó solo en el segundo palo y su prolongación terminó siendo aprovechada por Gerard, que puso el 1-0.
La respuesta del Betis fue inmediata. El sistema 4-1-4-1 comenzó a funcionar con mayor intensidad en la presión y los verdiblancos adelantaron sus líneas. Cucho estuvo cerca del empate tras un centro de Fran García, pero Gulasci respondió con una extraordinaria intervención.
Entonces apareció Abde. El extremo recibió, aceleró y dejó atrás primero a Mouriño y posteriormente a Pape Gueye antes de sacar un disparo raso. Gulasci no logró controlar el balón y lo dejó muerto. Allí apareció Cucho, perfectamente ubicado, para empujarla y establecer el empate.
El Betis había encontrado la grieta y decidió explotarla. Apenas un minuto después, Isco y Riquelme estuvieron cerca de completar la remontada. En la acción posterior llegó un córner ejecutado por el malagueño. Abde consiguió rematar entre una multitud de jugadores y nuevamente Gulasci dejó la pelota suelta. Esta vez fue Natan quien apareció para disparar a ras de piso y poner el 1-2.
La remontada no fue accidental. Premió la valentía del Betis, su capacidad para asumir riesgos y, sobre todo, su calidad para transformar una recuperación en una ocasión de gol. Pellegrini había conseguido cambiar la dinámica del encuentro y sus jugadores respondieron con contundencia.
Pellegrini cambia el plan y el Betis aprende a defender con la pelota
Si el primer tiempo fue una explosión ofensiva, el segundo mostró otra virtud que puede resultar incluso más importante para las aspiraciones del Betis: la capacidad para controlar un partido desde la posesión.
Con la ventaja en el marcador, las dudas del Villarreal y las piernas de sus atacantes, el escenario parecía diseñado para que los verdiblancos buscaran liquidar mediante el contragolpe. El equipo de Pellegrini comenzó a agruparse y encontró espacios para salir con velocidad a través de Abde, Riquelme y Cucho.
Una nueva acción extraordinaria de Abde terminó con un pase atrás y un remate de Cucho que Gulasci consiguió salvar prácticamente sobre la línea. Poco después, Pellegrini retiró a Isco para permitir el ingreso de Ceballos, que regresaba oficialmente al equipo esta temporada.
La entrada del utrerano modificó la estructura ofensiva. Fornals adelantó su posición y el Betis ganó capacidad para conservar la pelota. Ceballos, consciente de lo que exigía el momento, pidió a sus compañeros tranquilidad y circulación: «Vamos a tocar». Era, en definitiva, una declaración de principios. El Betis entendía que tener el balón también era una manera de defender.
El Villarreal consiguió acercarse, pero no encontraba claridad. Pellegrini introdujo posteriormente a Antony y Deossa por Abde y Riquelme, mientras Fornals pasó a ocupar una tercera posición diferente durante el encuentro, esta vez sobre la izquierda.
Y ahí apareció nuevamente el problema que impidió que el partido quedara resuelto mucho antes. Antony tuvo una oportunidad tras una buena combinación, pero no consiguió conectar correctamente con Cucho. Después, Deossa atacó el espacio y encontró a Fornals, quien no pudo controlar bien cuando la jugada parecía destinada al 1-3.
El colombiano volvió a aparecer poco después. Tras un pase de Antony, ingresó al área en carrera y obligó a Gulasci a despejar con el brazo. Deossa había entrado al partido con una determinación extraordinaria y demostraba que podía convertirse en una pieza importante para Pellegrini.
Un Betis que perdonó demasiado y terminó sufriendo más de la cuenta
El Villarreal agotó sus cambios y buscó desesperadamente el empate, pero la sentencia parecía estar mucho más cerca del lado visitante. Antony tuvo un mano a mano ante Gulasci después de un contragolpe, aunque su remate fue desviado por el arquero.
Después fue Cucho quien desperdició otra oportunidad. El colombiano recorrió buena parte del campo, llegó hasta la frontal y sacó un disparo ajustado que se marchó por muy poco. El Betis acumulaba ocasiones y el marcador continuaba peligrosamente abierto.
Pellegrini buscó entonces asegurar el resultado. Lo Celso ingresó por Cucho, mientras Fornals dejó su lugar para la entrada de Facundo. El objetivo era evidente: mantener el bloque compacto y controlar los últimos minutos.
Pero el protagonista de ese tramo final fue nuevamente Deossa. El colombiano protagonizó una jugada de enorme calidad, se deshizo de Pau y recorrió el campo hasta sacar un disparo cruzado que pasó muy cerca. Después volvió a probar desde fuera del área con un remate violentísimo, medido en 129 kilómetros por hora, que Gulasci tuvo que despejar con muchas dificultades.
El Betis ya acumulaba 21 disparos. Y el vigesimosegundo pudo haber sido definitivo: Bellerín quedó mano a mano después de un pase de Deossa, pero Gulasci cerró las piernas y evitó el 1-3.
La sentencia se resistía a llegar, pero también había una evidencia: el Villarreal no conseguía generar un peligro realmente sostenido. Los de Pellegrini se replegaron juntos, protegieron su área y supieron estirarse cuando recuperaban la pelota. Finalmente, el 1-2 resistió hasta el pitazo final.
Y fue suficiente.
El Betis ganó de principio a fin. Ganó por sus goles, pero también por su propuesta, su personalidad y su capacidad para interpretar cada etapa del encuentro. El paréntesis de la derrota ante Levante no parece haber alterado una trayectoria que muestra una evolución evidente, especialmente en el comportamiento defensivo.
El equipo verdiblanco ha elevado sus prestaciones atrás y conserva una enorme cantidad de futbolistas capaces de jugar bien con la pelota, llegar al área y generar peligro. Tiene alternativas, tiene profundidad y, sobre todo, tiene una idea reconocible.
En La Cerámica, además, dio un golpe directo a un rival que podía considerarse de su misma categoría competitiva. Ahora el Villarreal está diez puntos por debajo, mientras el Betis mira hacia arriba con una confianza que comienza a contagiarse a toda la afición.
Fue un triunfo que hace afición, una victoria que refuerza la idea y una actuación que confirma que el Betis de Pellegrini ha comenzado la temporada dispuesto a ser protagonista. Un partidazo verdiblanco que el marcador, incluso, terminó quedándole corto.
/Sol García Lineros, corresponsal de todofutbol en España

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