Un equipo sin egos sabiamente dirigido por Flick se corona campeón de Liga en la cara del máximo rival en una noche histórica en el Spotify Camp Nou
Si las dos Ligas de Tenerife fueron brutales y la del penalti de Djukic inundó el Camp Nou de lágrimas de emoción con otro milagro, el primer alirón en casa contra un Real Madrid en descomposición engordó la imborrable memoria histórica del barcelonismo. Como los dos anteriores en Cornellà-El Prat. Un golazo de falta de Marcus Rashford y la puntilla de Ferran Torres tras un taconazo genial de Dani Olmo pusieron el lazo (2-0) a otro regalo forjado por un puñado de chavales. Casi todos criados en La Masia, por los que casi nadie daba un duro cuando hace dos años aterrizó Kylian Mbappé para comerse el mundo en un Madrid que venía de ganar Liga y Champions.
Blanco quería ser el francés, autodescartado ayer de la fiesta culé, huyendo de un PSG camino de alzar dos Champions seguidas y en blanco sigue dos cursos después con las dos Ligas, dos Supercopas y una Copa del insaciable Barça de Hansi Flick. El alemán nunca olvidará el cariño que recibió desde su primer día en Barcelona y aún menos tras ver ayer cómo se volcó la ‘gent blaugrana’ con él horas después de fallecer su padre. Flick quiso estar en una noche ya eterna. La plantilla le manteó. Ya son 29 Ligas del Barça, a sólo siete ya del Madrid cuando en 1990 la distancia era sideral (25-10).
Mientras en el vestuario blanco se matan con Arbeloa superado y Florentino desaparecido, en la gran familia barcelonista se matan uno por el otro. Flick atajó “los egos” en la tercera jornada en Vallecas. Hablan por sí solos los 69 puntos de 75 del Barça desde la derrota (2-1), con muchas bajas, en el Bernabéu del 26 de octubre jaleada fuera de sí por el Madrid el día que empezó todo. El del ‘show’ de Vinicius y un Xabi Alonso desautorizado por el ‘ser superior’. Con Lamine Yamal al mando de las operaciones, tomó nota el ’Flick Team’, que ya sepultó en enero al tolosarra en la Supercopa española en Arabia.
Rafa Yuste y Joan Laporta no se reprimieron en el festejo ante Rafa Louzán y Javier Tebas, que entregaron el trofeo al capitán Ronald Araujo, querido como un hermano en el vestuario por sus problemas en otoño. Juerga insuperable, pirotecnia blaugrana y el reto de otra Liga de 100 puntos vivo para un Barça que moja pan en la crisis blanca, sin atisbos de solución con el ventilador en marcha para justificar el retorno a las conocidas malas artes de Mourinho. Maravilloso escenario para el bicampeón. Toca ahora concretar un ambicioso plan de fichajes para ir también a por la Champions.

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