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Chelsea derrota como visitante, en cancha neutral, al Atlético de Madrid

Chelsea derrota como visitante, en cancha neutral, al Atlético de Madrid

Una chilena de Giroud certifica la derrota rojiblanca en el retorno a Bucarest

«…No debieras tratar de volver». Mira que lo había avisado el maestro Sabina, pero el Atlético se empeñó en Bucarest. Y de Bucarest se trae una derrota que pone en inglés el futuro rojiblanco en la Champions. Certificada por una chilena majestuosa de Giroud y una revisión eterna del VAR para determinar que el toque anterior de Hermoso hacía buena la posición del francés, pero derrota al fin y al cabo. Toca proeza en Londres, que ahí sí se puede jugar, mire usted, o toca despedida. Cayó la tropa rojiblanca sin grandeza alguna, todo hay que decirlo.

Simeone había recuperado el clásico 4-4-2, pero aquello tenía truco. Porque enseguida se pudo apreciar que sin balón Correa y Lemar se metían atrás por sus respectivas bandas, para formar lo que en definitiva era una línea de seis. Y el Atlético iba a jugar sin balón. Se lo había quedado el Chelsea, que no tiene problema alguno para masticar la jugada el tiempo que sea necesario, a la espera de que Jorginho saque el periscopio, y que en todo caso se mostraba más incisivo por la zona derecha de su ataque, en la que procuraban asociarse Hudson-Odoi y Mount. El segundo de ellos había vivido en forma de tarjeta la primera alteración del partido, apenas en el arranque. Se pierde la vuelta. Como el citado Jorginho, que la vería un buen rato después.

Para que la presión de un equipo funcione, es necesario sostenerla en el tiempo. El Atlético vivía entre dos pulsiones contradictorias, la de irse a buscar al rival en su salida y la de meterse demasiado atrás, aunque el paso de los minutos se encargó de declarar vencedora a la segunda. Y eso que el escaso peligro rojiblanco se generaba a partir de los robos y de una acusada tendencia de Mendy a la excentricidad, especialmente haciéndose el longuis con un servicio horizontal de Suárez al que Lemar no pudo echar el lazo. El uruguayo, por cierto, se la había ganado en buena lid a Rudiger y Alonso.

El que no se llevaba una era Joao. Pase que en defensa pueda flojear, de hecho apretaba más el 9 que el 7, pero se supone que tales carencias debe compensarlas en el otro lado. No sostenía un balón el portugués, desesperante, y por ahí también se le ponía el partido cuesta abajo al Chelsea. Werner estuvo a punto de embocar en la jugada posterior a la de Lemar, como respuesta no estaba mal, y el resto del primer acto fue un quiero y no puedo rojiblanco. La tendencia de los centrales al paso atrás tampoco acababa de entenderse, porque el rival era mucho más de asociarse en tres cuartos que de buscar una referencia arriba, allá se las apañara Giroud. Que se las apaña.

Tuvo que poner las manoplas Oblak a otra maniobra de Werner, pero ocasiones apenas hubo, así que la visita al camerino se cumplimentó sin goles que llevarse a la boca. El Atlético había dispuesto un once extremadamente ofensivo sobre el papel… que apenas lo fue sobre el césped. Hubiera convenido que el plan A saliera decente, eso sí, porque Simeone apenas contaba con cinco jugadores de campo de su primera plantilla para sustituciones. Uno en el que se confía poco, otro en el que no se confía nada y un recién llegado, más dos mediocentros defensivos. Los sacaría a casi todos a última hora. Demasiado tarde parecía, demasiado tarde fue.

Olvidemos por un momento a los que habían jugado de salida. Con lo que dejó en el banquillo, Tuchel podía construir otra alineación. Y hubiera sonado bien, con Kepa bajo palos, Zouma en el eje de la zaga, Chilwell por la izquierda, Kanté como pivote, Havertz, Pulisic y Ziyech en una línea de tres mediapuntas o Abraham como referencia arriba. Añadan a James, Emerson y Gilmour y ya tienen los 11. Pues eso, que sacaría partido de ello. La reanudación trajo en cuanto al juego más de lo mismo, y eso que sobre la hora apareció por fin Joao, filtrando un balón para Lemar, resolviendo la jugada con una chilena desviada.

Era cuestión de equivocarse y permitir como se permitió una transición visitante: la que acabó en la virguería de Giroud, la que aclara que lo del Atlético es un señor bache. Terminó el partido sin un solo brete para Mendy, que había usado mal los pies pero que no tuvo que usar las manos, y en el vacío rumano, extraño como un pato en el Manzanares, comenzó a sonar el himno del Atlético. Si encima se te ha ocurrido volver al lugar donde has sido feliz…

/Marca

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