El ex colocolino y el ex arquero de la UC, Matías Dituro no pudieron impedir que la superioridad madridista quedara reflejada en el marcador: 4-1 y el descenso lamentablemente cada vez se ve más cerca para el equipo de la comunidad valenciana
El Real Madrid está con la flecha para arriba. El equipo blanco batió con claridad al Elche y trasladó la presión al Barça al colocarse a un punto. Lo hizo enganchado al liderazgo de Valverde, el futbolista capaz de iniciar un gol desde su campo y acabarlo por la escuadra; al empuje de Thiago para abrir la puerta por donde entra la cantera en tropel ayudados por Arbeloa; a la genialidad de Arda Güler, capaz de hacer un gol monumental desde 60 metros; y a la inevitable mano de Courtois, que regala un milagro por partido. Al Madrid le sale todo, al revés de un Elche que se bloqueó en diciembre y cae sin remedio hacia el descenso. La fragilidad del equipo de Sarabia es más que preocupante.
Dice Arbeloa que Valverde es el nuevo Juanito por su capacidad para contagiar y arrastrar al Real Madrid hasta la victoria. Aunque no sea tan extremo ni tan eléctrico como el fuengiroleño, el técnico acierta en ese efecto contagio que produce el 8, un todocampista de manual. Desbloqueó el duelo ante el Elche con dos arreones de líder, un zapatazo que originó el tanto de Rüdiger y una cabalgada desde su campo que coronó con un remate a la escuadra. Principio y fin. Más Don Alfredo que Don Juan. La explosión de Fede permitió a Arbeloa dar respiros antes de City y Atlético y multiplicar el efecto cantera hasta acabar con un ‘Baby Madrid’ que amplió la renta, incluso, con ese gol imponente de Arda al final.
La emergencia médica tuvo su efecto positivo. No se puede culpar a la mala suerte el hecho de tener diez lesionados en marzo, tantos que no te permiten dar descansos y rotar entre dos duelos de Champions de máxima exigencia. Sin Asencio, que forzó hasta romperse, Arbeloa sólo hizo dos cambios no forzados en el once. Probó a Carvajal de inicio y relevó a Güler por Camavinga respecto a la noche mágica del City. Entró Fran García por el lesionado Mendy, y se mantuvo Thiago en el once por cuarto partido consecutivo. Se lo gana con movilidad y trabajo, con y sin balón. Se ofrece siempre. De hecho, fue la vía de salida más frecuente del Madrid, con Tchouaméni perseguido por Redondo. Federico, no Fernando.
No se puede negar al Elche que es equipo valiente. Se planta en el Bernabéu con un montón de novedades en el once y defiende a pares, en campo enemigo. Ofreció la opción del mano a mano de Vinicius con Affengruber, pero el austriaco defendió bien a campo abierto. De hecho, la única acción medio clara de peligro en la primera media hora fue un cabezazo de André Silva al lateral de la red, a centro de Germán Valera, el más inicisivo de los franjiverdes. Tuvo que cambiar el plan Sarabia por el golpetazo de Camavinga y Sangaré que mandó al lateral visitante al vestuario.
Al Madrid se le notó la fatiga. Física y mental. Y le costó entrar en calor. Pero cuando lo hizo fue para reventar el partido. Bulló Brahim en la frontal y sacó una falta interesante. Chutó Valverde, duro, sacó Dituro como pudo, Brahim luchó el rechace, despejó en corto Pedrosa y Rüdiger voleó contundente a la red. Se había desesperado Sarabia por las vigilancias en la falta, como si intuyera que algo iba a salir mal. Salió peor. Porque despertó al hombre del momento. Después de aparecer como falso delantero centro en un par de ocasiones y como tercer central en otras tantas, Fede Valverde volvió a ‘Distefanear’ arrancando desde campo propio. Marcó la diagonal de derecha a izquierda, abrió a Fran García, muy activo, devolvió el lateral a la frontal y el 8 desplegó elegancia. Amagó el remate de izquierda, se acomodó y la puso con el interior de la diestra en la escuadra. Golazo. Quinta diana en ocho días. Fede desencadenado.
El Elche volvió del descanso con la instrucción de asumir más riesgos todavía, y pudo pagarlo caro. Se fue Brahim solo mano a mano aprovechando un error de Chust, pero no vio a Vinicius a su lado, se la fumó y remató fuera. A la siguiente, Carvajal activó la fuga de Vinicius, pero el brasileño, que no está súper, se cerró el ángulo solo. Y no se sabe bien si fue por verlo fácil o por confianza en la cantera, Arbeloa ordenó zafarrancho de cambios. Primero entró Yáñez junto a Arda y Gonzalo. Después, Manuel Ángel, Palacios y Aguado. Le salió bien la apuesta.
Porque al poco, Yáñez se replegó en la derecha y sirvió un centro excelente, cerradito, que cabeceó desde cerca Huijsen. Tan fuerte sopla el viento a favor que se han olvidado los pitos al central malagueño, mucho más entonado.
La noche reservaba un fin de fiesta inmejorable. Ni siquiera el autogol de Yáñez tras un error de Camavinga borró la sonrisa madridista. Lo firmó Arda Güler, que controló en su campo, círculo central por la derecha, conectó un zurdazo imponente y aprovechó el riesgo del Elche, con Dituro casi en línea de medios. Corrió de espaldas y no pudo desviar un golazo monumental que puso en pie al Bernabéu, obligó al abrazo de todo el equipo, Courtois incluido, y llevó a Arda al banquillo, donde estaban todos los cracks reservados por Arbeloa. También el técnico se llevó el abrazo del turco. De repente, 12 días después del petardazo ante el Getafe, el Madrid parece lanzado. Buen momento para una semana de órdago, City y Atlético. No va más. :format(jpg)/f.elconfidencial.com%2Foriginal%2F0db%2Fe64%2Fe37%2F0dbe64e371174282510f6daa8741ede5.jpg)
/Escrito por José María García para Marca de España

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