Un trabajo de producción, redacción y fotografía sencillamente extraordinario. Justo lo que se merecía esta selección española que hoy recibe la admoiración y el reconocimiento de todo el Planeta Fútbol
España completó en el Olímpico de Berlín en la noche del 14 de julio la Eurocopa perfecta, con pleno de victorias antes de levantar la cuarta. Lo hizo contra todo pronóstico pero cargándose de razones desde el primer día, en el que pasaron por encima de Croacia casi sin despeinarse. España estaba encuadrado en el grupo de la muerte, con Croacia e Italia amenazando la clasificación para los octavos de final. Del equipo de De la Fuente se hablaba con tono lastimero, como si los octavos, y en el mejor caso los cuartos de final, fueran el tope de una selección a la que no se le regalaba ni un elogio a nivel colectivo ni individual.

La victoria ante Croacia fue una sorpresa agradable para la mayoría, que sin lanzar las campanas al vuelo empezaba a ver brotes verdes en el equipo. Carvajal siguió confirmando que con España también es el mejor lateral del mundo, Cucurella dejó con la boca abierta a media Europa, Fabián se elevó como un halcón y las bandas de pronto se vieron ocupadas por dos potros salvajes. ¿Por qué no soñar?
El partido ante Italia, uno de los mejores que jamás ha jugado la selección española, no solo ratificó las buenas sensaciones del estreno, sino que alimentó el sueño en el interior del equipo y disparó la euforia de un país que pasó de la nada al todo. El nivel que mostraban el resto de selecciones, desde luego, invitaba al optimismo.

Las cuentas de España tras ser primera de grupo hablaban del camino más duro jamás recorrido por una campeona. Georgia era el preludio de tres duelos gigantescos. Alemania, anfitriona y la que más se acercaba a España en juego, en cuartos. Francia asomaba en semifinales e Inglaterra en la gran final de Berlín, donde De la Fuente ya había avisado el día del estreno que se cerraría el círculo.
El seleccionador es el responsable número uno del buen funcionamiento de España en esta Eurocopa. Sin estrellas rutilantes, ha armado un equipo que funciona como un reloj dentro y fuera del terreno de juego. La paz durante el mes y medio de convivencia ha sido tal que la de España no parecía una concentración, sino un retiro de yoga. Ni una polémica en un equipo en el que ha mezclado a la perfección la juventud de Yamal y Nico con la veteranía de Morata, Rodri y Carva. De la Fuente, al que se le cuestionaron muchos nombres, clavó la lista del primer al último jugador.

A los cuartos se pasó arrasando y con un jugador emergiendo desde el banquillo hasta convertirse en una de las grandes estrellas del torneo: Dani Olmo. El 10 de España, cómo le queda el número, marcó en todos y cada uno de los partidos hasta la final. Su debate con Pedri quedó en nada por la lesión del canario a los ocho minutos ante Alemania y, sobre todo, por el fútbol desplegado por el del RB Leipzig. Olmo es un crack mundial y lo demostró minuto a minuto. Ante Alemania sostuvo al equipo con su gol en la segunda parte y con una prórroga que pasará a la historia por su exhibición físico y técnica. El vuelo de Air Merino llevó a España contra Francia en semifinales.
Mbappé tampoco pudo con la Selección, que no tuvo problemas en remontar. El niño Lamine, a punto de dejar los 16, no se nos hizo mayor porque aún le brillan los brackets y porque su fútbol hace tiempo que dejó de ser el de un adolescente. El jugador del Barcelona rompió todos los récords de precocidad y dejó el gol del torneo antes de que Olmo nos llevara a la final.
Lo de Inglaterra no hace falta que lo repitamos. Lo gritaron ustedes. ¡Somos los mejores! ¡Somos campeones! Por cuarta vez. Por fin, el fútbol español en la cima de Europa. La Brasil de Europa.


































































