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Gabriel Costa en el centro de la gran polémica en Perú: no jugó un minuto y llevó a su esposa, sus dos hijas y su suegra a Qatar

Gabriel Costa en el centro de la gran polémica en Perú: no jugó un minuto y llevó a su esposa, sus dos hijas y su suegra a Qatar

Esta es la nota completa publicada por la revista Sudor y que desató el escándalo en Perú, porque además de 28 dirigentes de ligas y clubes, se aseguraron un lugar también otros funcionarios, más de 30 familiares, el barbero de Trauco y dos amigos íntimos de Cueva.

Encontrar culpables luego de un fracaso futbolístico ha sido siempre uno de los deportes nacionales. Popovic y su matemáticamente es posible, los que permitieron que se cante el himno en Santiago en 1997, los caballos de Maturana, los juergueros del Golf Los Incas, los cuatro Fantásticos de Markarián. La traumática derrota ante Australia en el repechaje intercontinental jugado en Doha tan solo podía calmarse, en parte, con cabezas degolladas. Por eso no tardamos en enterarnos de que el avión que llevó a la selección peruana a Barcelona y luego a Qatar estuvo repleto de invitados que quizá en otras circunstancias no hubieran viajado junto a la delegación: esposas, familiares, amigos entrañables y dirigentes a granel.

¿Si ganábamos a alguien le hubiera preocupado quién iba en el avión? ¿Acaso en un vuelo comercial la selección no hubiera compartido viaje con amigos, familiares e hinchas? ¿No es mejor que los seleccionados se sientan arropados de afecto previo a un partido tan difícil? Estas preguntas surgen de inmediato ante lo que algunos han catalogado de “escándalo”. Las dudas planteadas son razonables. Pero también es necesario conocer la historia completa para entender quiénes estuvieron detrás de esta medida y si fue la mejor decisión para la tranquilidad de la selección a pocos días de un compromiso en el que se jugaba la gloria deportiva, 10.5 millones de dólares (lo que paga la FIFA a cada país clasificado al Mundial), pero, sobre todo, la estabilidad emocional de un país.

En Sudor hemos decidido evitar el habitual tono moralizador de la prensa deportiva para encarar este caso. Preferimos presentar hechos y confrontarlos con la opinión de los expertos y repasar los antecedentes de otras selecciones: propias y ajenas. Es decir, en este reportaje se detalla, luego de un paciente proceso de identificación, quiénes fueron, en principio, los viajeros en el avión de la selección peruana; por qué tantas personas ajenas a la delegación obtuvieron un asiento privilegiado; y si esta práctica es habitual y sobre todo adecuada en partidos tan decisivos para un seleccionado nacional.

LOS OTROS CONVOCADOS

Lo primero es tener claro cuántos y quiénes fueron los que abordaron el avión de la selección. Según los dos registros de pasajeros filtrados a la prensa, se ha podido identificar a 158 personas. Los 28 seleccionados convocados para afrontar el repechaje son los rostros más visibles. Junto a ellos otras 32 personas conforman el amplio grupo del comando técnico y sus colaboradores. En esa nómina, no solo figuran Ricardo Gareca y sus asistentes más cercanos como Ñol Solano o el ‘Bocha’ Santín, sino también fisioterapeutas, analistas de video, agentes de seguridad e integrantes del equipo de comunicación, como puede verse detallado en la infografía que acompaña este reportaje.

Si solo la delegación principal consta de 61 miembros, ¿quiénes son entonces las otras personas que subieron al avión? Aquí es necesario empezar a separarlos por grupos. El primero de ellos es el conformado por funcionarios de la Federación Peruana de Fútbol (FPF) que habitualmente acompañan a la selección en sus viajes al extranjero, aunque no en todos los casos. Por ejemplo, Jean Marcel Robilliard, Secretario General de la Federación Peruana de Fútbol.

En ese grupo también están Víctor Villavicencio, Gerente de la Liga 1; Sebastián Morales Calle, ex Jefe Comercial y de Patrocinios de la FPF y actual actual Gerente de Marketing del Grupo Marathon; Jorge Manuel Del Pozo Beingolea, Jefe Administrativo y Financiero; Roxana María Bello Rondón, funcionaria administrativa; Sabrina Gisella Martin Zamalloa, Secretario Adjunta de la FPF y ex Jefa del Departamento Legal; Erika Albán Strohmeier, gerente de Recursos Humanos, Humberto Meneses Olórtegui, jefe de marketing y comercial; Alejandro Mazzi Rosemberg, funcionario del área de marketing; Christopher Legua, gerente de Marathon, la marca que viste a la selección; Gonzalo Ansola Airaldi, representante de Adidas, la empresa que vestirá a la rojiblanca a partir del 2023; y Norma Rosa Alva Vidal, coordinadora de vuelos y uno de las colaboradoras directas de Agustín Lozano, presidente de la FPF. [Nota de edición (1): El jefe de comunicaciones de la FPF Elkin Sotelo se comunicó con Sudor para precisar algunos cargos citados. Nota de edición (2): Alejandro Mazzi aclaró, en comunicación con Sudor, que él y Humberto Meneses viajaron aparte porque debían desarrollar tareas del área de marketing. Según dijo, si bien fueron a realizar tareas propias de la FPF, la entidad no costeó sus pasajes].

¿Era necesaria su presencia por cuestiones logísticas o fueron incluidos para compartir un momento que se suponía histórico? Para César Linares, Jefe de equipo de la selección peruana, las explicaciones las tendría que dar la Federación, según le dijo a Sudor en una breve charla telefónica: “Yo como jefe de equipo solo puedo referirme a lo que corresponde a la delegación de la selección. De eso pregúntenme lo que sea. El grupo que conformamos nosotros es de 60 miembros aproximadamente. Todo lo demás fue un tema de la Federación”.

Un segundo grupo es el reservado para los dirigentes. La presencia de Agustín Lozano como presidente de la FPF es entendible. Pero empieza a llamar la atención que casi la totalidad de los miembros de su junta directiva hayan sido incluidos: Luis Alberto Duarte Plata (segundo vicepresidente y presidente de la Liga Departamental de Áncash), Osías Ramírez Gamarra (integrante 3 y presidente de UTC), Víctor Bellido Aedo (Integrante 4 y representante de Ayacucho FC), Arturo Ríos Ibáñez (integrante 5 y presidente de Atlético Grau), José Carlos Isla Montaño (integrante 6 y presidente del Juan Aurich) y Genaro Miñán Armanza (integrante 7 y presidente de la Liga Departamental de Tumbes).

Directivos y funcionarios de la FPF llegaron hasta Qatar junto a Agustín Lozano. REDES SOCIALES

De este grupo, el más notorio es Duarte Plata, quien lleva más de tres décadas como máxima autoridad en Áncash, desde 1987. En el 2021 fue reelegido para un décimo período consecutivo. Algo similar ocurre con Miñán Armanza, cacique futbolístico de Tumbes desde el año 2006. Pero también destacan Osías Ramírez, excongresista por Fuerza Popular e investigado junto a su hermano mayor Joaquín Ramírez por lavado de activos; e Isla Montaño, abogado del expresidente de la FPF, Edwin Oviedo, quien estuvo en prisión preventiva, acusado de liderar la banda criminal “Los Wachiturros del Norte”.

El número de dirigentes presentes en el viaje se engrosó con los siguientes presidentes de ocho ligas departamentales: Alfredo Britto Mayer (La Libertad), Franklin Chuquizuta (Amazonas), Reynaldo Lima Barrera (Huancavelica), Hugo Vizcardo Herrera (Piura), José Antonio Ríos Barrera (Moquegua), Julio Muñante Gómez (Ica), Roberto Ramos Ruiz (Loreto) y Juan Francisco Quispe Cáceres (Tacna). El diario El Comercio advirtió de la presencia de seis de ellos, pero en realidad fueron ocho en total.

Algunos dirigentes de clubes de primera y segunda división también recibieron la invitación: Samuel Astudillo (presidente de Deportivo Municipal), Raúl Bao García (presidente de la Universidad San Martín), Joel Raffo Olcese (presidente de Sporting Cristal), Arturo Sánchez (presidente de la Liga 2 y máximo dirigente de Unión Huaral), Juan Carlos Aquino Condori (presidente del Deportivo Binacional), Fernando Corcino Barrueta (presidente de Alianza Universidad), Rolando Bellido Aedo (presidente de Ayacucho FC), Gian Carlo Dante Mandriotti (vicepresidente de Cantolao), Freddy Ames (Sport Coopsol), Farid Awad Musa (presidente de Piratas FC). y Guido Iñigo Peralta (presidente del Club Los Chankas CYC y ex alcalde de Villa El Salvador) “A mí me llamó Rosa, la secretaria del presidente de la Federación para hacerme la invitación. Me dijo que estaban invitando a todos los presidentes de las ligas 1 y 2. Por eso acepté. En el vuelo no me llamó la atención que fuéramos tantos porque somos 32 clubes más los presidentes departamentales a los que se les hizo llegar la invitación”, revela a Sudor Arturo Sánchez, quien aclaró, además, que es la primera vez que viaja con la selección en 35 años como dirigente deportivo.

[Nota de edición (3): se incluyó a posteriori en la lista de dirigentes a Guido Iñigo Peralta , el cuestionado ex alcalde de Villa El Salvador, por su cargo como presidente del club Los Chankas CYC de la Liga 2. Ofrecemos las necesarias disculpas por la omisión]

“No voy a negar que me pareció interesante estar presente en un partido que iba a ser histórico. Lo que sí debo decir es que en Barcelona aprovechamos para hacer una visita a La Masía y recibir una charla sobre el trabajo en divisiones menores. También nos sirvió para tener muchas reuniones entre los casi 30 dirigentes que viajamos. Hablamos sobre las problemáticas del fútbol peruano, y sé que se vienen cambios estructurales en el fútbol peruano, como ha anunciado el presidente Lozano”, explica Sánchez.

¿Pero es cierto que todos los clubes y ligas departamentales recibieron la invitación? Al menos, en el caso de Alianza Lima, firmante de una carta conjunta con Universitario y Cienciano, en la que rechazan el gasto excesivo para este viaje (ver documento al pie del párrafo), la invitación nunca llegó. “No se recibió”, confirma Tito Ordóñez, actual delegado del club blanquiazul.

Para el expresidente de la comisión de fútbol de Alianza, con varios viajes internacionales en su haber, la decisión no fue la más adecuada. “A Nueva Zelanda se gastó como cinco millones de soles y fueron varios invitados [nota de editor: aproximadamente 100 personas viajaron a Wellington]. Esa vez empatamos y como clasificamos a nadie le importó. Ahora que no entramos al Mundial se genera otra sensación. Pero lo cierto es que una delegación solo debe estar integrada por sus jugadores y el comando técnico. Yo que he sido presidente de comisión de fútbol sé que hay que cuidar mucho la intimidad y la concentración de un grupo, y eso no ha hecho la Federación”, asegura.

Desde el punto de vista de Ordóñez, incluir a más de setenta personas ajenas a la selección fue un desacierto. “Un viaje de esta manera es absolutamente una violación a la intimidad de una delegación”, asegura. Y lo dice, sobre todo, luego de haber conversado con uno de los seleccionados, quien le reveló que los pasillos del hotel en Doha estaban liberados para los hinchas, muchos de ellos hospedados en el mismo edificio. “Concentración no hubo bajo ningún concepto”, zanja.

Pero los dirigentes de clubes no fueron los únicos invitados de la Federación. El árbitro FIFA Joel Alarcón asistió en representación de la Comisión Nacional de Árbitros. Y los directivos Julio Luis Guzmán Torre y Julio Uyehara Alvarado, como presidente y vicepresidente, respectivamente, de las comisiones de Fútbol Femenino y Futsal y Fútbol Playa. Por parte de la Agremiación de Futbolistas Profesionales del Perú, acudieron su presidente Roberto Silva y su gerente Fernando Revilla.

El exfutbolista Juan Carlos La Rosa también formó parte de la delegación como “Embajador de la Federación”. Por cierto, esta no es la primera vez que ‘Calín’, campeón con Cienciano en la Copa Sudamericana 2003 e integrante del círculo de confianza de Agustín Lozano, acompaña al presidente de la FPF en viajes de representación. En marzo de este año, visitó Chachapoyas junto a Lozano y ambos fueron condecorados por la Municipalidad Provincial del lugar. Según la resolución emitida por dicha entidad, La Rosa fue distinguido como “visitante ilustre” en su calidad de “Embajador de la Federación”. ¿Por qué otros embajadores de la Federación como él no fueron invitados a Doha? Esa es una pregunta aún sin respuesta. Lo cierto es que con La Rosa, en total, fueron 43 los integrantes del grupo de dirigentes y funcionarios incluidos en el avión de la selección.

UN VIAJE FAMILIAR

Algunos familiares muy cercanos figuran también entre los viajeros. Algo que en la era Gareca no es ninguna novedad, cabe decir, para contextualizar lo ocurrido. Así como se dio en el repechaje en Wellington y en el Mundial de Rusia 2018, el comando técnico fue acompañado por su círculo más cercano. En el caso de Gareca, su esposa Gladys Harginteguy y sus hijos Milton y Robertino compartieron vuelo con la delegación. Este último junto a su prometida Andrea Mayor. Por cierto, Mario Cupelli, abogado del Tigre, es otro de los incluidos en la lista. Pero debe precisarse que la mayoría de ellos recién abordó el avión para el viaje desde Barcelona a Doha y el respectivo retorno.

La esposa del ‘Bocha’ Santín y sus hijos María Lolita y Lucas fueron otros de los acompañantes junto a la familia de Néstor Bonillo, el preparador físico de la selección: su padre, su actual pareja Olga Medina, y sus dos hijos Taiel y Zoe aparecen en la nómina de pasajeros. Pero, al igual que en el caso de los Gareca, la mayoría viajó a Barcelona por su cuenta y recién subió al avión en Barcelona.

Gareca en el arribo a Barcelona. Recién en Doha se encontró con la mayoría de sus familiares. PRENSA FPF

Esta práctica también fue imitada por algunos seleccionados. La familia del carismático y abrazable Gianluca Lapadula, por ejemplo, abordó el avión pero para el regreso de Doha a Lima: puntualmente, sus padres Gianfranco y Blanca, en compañía de su esposa Alessia y sus tres hijas. La familia Cueva también fue una de las más numerosas en el itinerario iniciado en Lima: Pamela López Solórzano, la esposa del 10 de la selección, viajó junto al padre de Cueva y sus hermanos Luis Marcial y Jorge Luis. Otro de los grupos familiares más significativos fue el de Gabriel Costa: su esposa Coralina, su suegra y sus dos hijos fueron incluidos en el viaje. Los padres de Alexander Callens, Jorge y Giovanna, hicieron lo propio al lado de Gretchen, la hermana menor del defensor nacional. El papá del arquero José Carvallo, José Enrique Carvallo, fue otro de los padres a bordo, así como los padres de Aldo Corzo: Jorge Antonio Corzo y María Roxana Chávez.

Por último, completaron el grupo las esposas de Carlos Zambrano (Marcia Succar Cubas), Luis Abram (María Celeste Casanova Mera), Yoshimar Yotun (Alessandra Cordero Motta) y Miguel Trauco (Mariela Arévalo Aguilar). Además de la cuñada de Christofer Gonzáles (Ariana Farneschi).

Si bien se ha dicho que muchos dirigentes viajaron con sus esposas, esto no es preciso. Apenas dos incluyeron a sus cónyuges. Ese es el caso de Orfelinda Correa Pajares, esposa de Agustín Lozano; y Tania Elizalde Ordinola, esposa del directivo Miñán de Tumbes.

LA FAMILIA EXTENDIDA

Quizá el grupo de viajeros que más revuelo ha causado es el de aquellos sin ningún vínculo cercano a la Federación o sanguíneo con los seleccionados. El primer caso, más que entendible, es el de Jairo Rodríguez Álvarez , ganador del sorteo efectuado por la plataforma FPF Play. Los restantes, sin embargo, han generado una serie de conjeturas. ¿Pagaron el costo del pasaje o fueron invitados por algunos seleccionados? Luis Enrique Sánchez Aranda, gerente del restaurante Mi Barrunto, por ejemplo, habría viajado con su novia Itamar Orellana Aranda, por pedido especial de Cueva. Esto al menos se desprende del video de agradecimiento grabado por Sánchez junto al ‘10’ en pleno vuelo y subido a sus redes sociales. «Gracias infinitamente por traerme a Qatar», le dice el cocinero al futbolista. Algo similar habría ocurrido con Zoe Ganoza Benites, amigo íntimo de Cueva, involucrado en uno de los últimos escándalos extrafutbolísticos del volante.

Uno de los nombres que más ha llamado la atención es el de Christian García Chávez, amigo y barbero de Trauco, quien ha compartido casa con el lateral durante su estancia en Saint Etienne.

Por último, existen cinco personas sin vínculos conocidos con la delegación peruana. Ellos son Jorge Luis Noblecilla Baca, un oftalmólogo de Sullana, quien a través de su clínica privada patrocina al club Alianza Atlético; Jhoan Del Águila Del Águila, ingeniero ambiental nacido en Tarapoto; Christian Requejo Espinoza, contador egresado de la Universidad Pacífico; Víctor Junior Patazca Reyna, residente del Callao sin una hoja de vida conocida; y Juan Carlos Rivas Gutierrez, empresario cafetalero de Chanchamayo. Intentamos contactarnos con cada uno de ellos, pero tan solo Rivas respondió al llamado. “No puedo decir quién me invitó. Ese es un tema personal, discúlpame”, dijo y colgó.

¿CONCENTRACIÓN O DISTRACCIÓN?

Según consta en el registro de pasajeros, de las 158 personas anotadas más de 40 no estuvieron en el trayecto Lima-Barcelona. La delegación recién aumentó en el tramo Barcelona-Doha, pero incluso ahí unas trece personas, entre ellas la esposa de Gareca, decidieron llegar por su cuenta. En el regreso a Lima, el avión alcanzó los más de 130 pasajeros porque algunos se quedaron en Qatar y tomaron otros vuelos. Esto ha podido ser corroborado por algunos testigos. “Cuando nos fuimos, un poco más del 50% del avión estaba vacío”, contaron, y eso es cierto porque el Airbus 330-200 tiene una capacidad para 250 a 300 pasajeros, dependiendo de la disposición de los asientos.

Este tipo de aeronaves presenta tres secciones. La primera, la clase ejecutiva, fue reservada para los 28 seleccionados y algunos miembros del comando técnico. La segunda fue ocupada por los directivos de la Federación. Y la tercera, compartida por los dirigentes de los clubes, el personal auxiliar de la selección, familiares y el resto de invitados. Durante todo el itinerario, los seleccionados permanecieron en la zona reservada para ellos, con pequeñas excepciones. “Algunos iban a ver a sus familiares, pero después de unos minutos se regresaban a sus asientos. No fue el avión parrandero como algunos han salido a decir. Ni hubo ni parranda ni fiesta. Todo estuvo muy tranquilo”, asegura Sánchez.

En Barcelona, la selección se hospedó en el hotel Hesperia Sant Just, mientras que los directivos y dirigentes fueron conducidos a otro hospedaje en la zona de Barberá, a unos 25 minutos de la concentración de la delegación peruana. En Doha, sin embargo, todos se alojaron en el Hyatt Regency. Según Sánchez y otros presentes, la selección ocupó los dos primeros pisos del hotel, y estuvo custodiada por personal de seguridad que se encargó de que ninguna persona externa pudiera tener acceso. Al margen de estos cuidados, una pregunta es más que válida: ¿La presencia de familiares, amigos y una numerosa delegación pudo generar algún tipo de distracción en los seleccionados?

Para Sánchez, esto sería irrelevante. “Gareca casi siempre ha jugado la suya, y casi siempre ganó. Esta vez perdió, y esa es la única diferencia. Siempre ha hecho lo mismo y le fue bien. Ahora le estamos buscando la sinrazón. La realidad es que así nos llevó al mundial, pero esta vez no se pudo”, sostiene. La presencia de familiares en Rusia 2018 y de una gruesa comitiva de dirigentes en la final de la Copa América 2019 en Brasil son dos ejemplos de que Gareca no suele ver con malos ojos este tipo de compañías. “Lo que sí noté es que todos estuvimos demasiado confiados. Asumimos que a Australia la pasábamos por encima. En ningún momento se nos ocurrió que íbamos a llegar a los penales. Nadie pensó en ese escenario”, asegura el presidente de la Liga 2.

Y lo que dice es cierto. Nadie lo imaginó, ni siquiera el propio Gareca, quien reconoció en la conferencia de prensa posterior al partido en Doha que “llegar a una definición de los penales no era lo que buscábamos”. Está claro que el Tigre, responsable de maravillosos milagros y cuantiosas rachas quebradas, es el mismo que acabó cometiendo varios desaciertos durante el repechaje ante Australia. Errores que, a la larga, terminaron costando la clasificación. Y decirlo no es ningún sacrilegio. ¿Pero compartir el avión junto a un batallón de dirigentes que representan todo aquello que no es la selección puede contarse como otro más de esos errores? ¿Tenía sentido ceder ante lo que parecía ser una estrategia de Lozano para premiar con un viaje todo pagado a los que le dieron el voto para la reelección en diciembre pasado? Ojo que está confirmado que los boletos, el hospedaje y las tres comidas diarias para los dirigentes fueron costeadas por la FPF.

Para Reynaldo Lima Barrera, presidente de la Liga Departamental de Huancavelica, el gasto no supone una falta por parte de la Federación. “Ya no quiero meter más leña a la candela, porque ya suficiente y en demasía han hecho escarnio de un asunto que lo hizo la Federación (sic)”, asegura. Desde su posición de invitado en un viaje con todo pagado, cualquier pedido de transparencia no aplica. “Por el hecho de que no se haya clasificado no vamos a hacer escarnio de este asunto. Usted sabe que la Federación es una institución privada, en principio, y qué tenemos que estar interfiriendo demasiado en las determinaciones que hace el directorio de la Federación Peruana”, alega Lima. “Será una decisión correcta o incorrecta, pero la hicieron, ¿no?”, agrega sin sonrojarse.

La respuesta oficial desde la FPF, a través de un comunicado difundido este jueves 23 de junio, desmiente que se hayan realizado «gastos arbitrario» o «pagos políticos de ninguna clase». Y, en otro punto, tras un largo recuento de los ingresos dejados de percibir a causa de la pandemia y del apoyo económico a los clubes, concluye que esa es suficiente demostración de «que la FPF no realiza ninguna mala utilización de sus recursos». Cuando, en realidad, una cosa no tiene que ver con la otra. Por último, el comunicado asegura que «ninguna persona ajena al sistema deportivo viajó de manera solventada por la FPF». Algo que la alta directiva deberá demostrar ante la Asamblea de Bases.

Al margen del dinero invertido, queda la sensación de que por primera vez en mucho tiempo la selección dejó de ser esa isla de eficiencia y pasó a convivir con los eternos dirigentes que no han logrado variar el rumbo del fútbol peruano en las últimas décadas. Pero, más allá de contradicciones simbólicas o intereses políticos, ¿compartir el mismo avión resulta negativo para una selección que pretende tener la mente enfocada en un solo objetivo? Según el psicólogo deportivo Julio Villalobos, el mensaje puede ser confuso. “Lo que yo interpreto es que se han dado dos mensajes: uno, más consciente, que dice que tenían que estar concentrados; pero también hay otro, más al inconsciente, que refleja cierto triunfalismo. Con esto no digo que perdimos el partido a causa de esa decisión, pero sí debemos mencionar que hay un doble mensaje, y esa disonancia puede distraer al jugador”, explica.

Para Villalobos, una verdadera concentración, sin que llegue a ser un acuartelamiento militar, permite que los deportistas de élite se abstraigan de un ambiente contaminado por un excesivo optimismo y/o derrotismo. De esa forma, no solo descansan el cuerpo, su principal herramienta de trabajo, sino que también pueden mantener el equilibrio anímico ante una contienda deportiva de suma importancia. “Sí me parece que se pudo evitar viajar con tantas personas ajenas a la delegación. Porque al permitirse eso, el mensaje inconsciente es que ya muchos están viajando para celebrar. El jugador no es ajeno a eso, y, de algún modo, invita a la desconcentración, y hace, por ejemplo, que cuando llegue el minuto 75 y el marcador sigue 0-0 el futbolista piense: ‘esto no está yendo como pensábamos’. Y la ansiedad gana terreno y empieza a jugar en contra”, afirma.

LA EXPERIENCIA DE OTROS PAÍSES

¿Para partidos de esta trascendencia qué suelen hacer otras selecciones del mundo? ¿El viaje junto a familiares y amigos es permitido? El caso más cercano es el de Costa Rica, que apenas un día después de la derrota peruana, ganó su clasificación al Mundial de Qatar 2022 tras vencer en el repechaje 1-0 a Nueva Zelanda. La mayoría de los dirigidos por Luis Fernando Suárez, un viejo conocido del fútbol peruano, tuvo que activar las cámaras de sus celulares para festejar a la distancia con sus familias. Juan Diego Villarreal, periodista del diario Nación, confirma que la selección tica, limitada a futbolistas, cuerpo técnico y dirigentes (unos 60 miembros), llegó a Qatar en un vuelo comercial: “Sé que fueron en vuelo de American Airlines de San José a Miami y ahí en uno de Qatar Airways hasta Doha”.

Pero podemos ir más atrás. Para la Copa América Centenario 2016, según las memorias de la FPF, la delegación peruana, entre dirigentes (10), cuerpo técnico (21) y convocados (23), llegó a los 54 integrantes. Pero si se trata de otros repechajes, en 2013, la selección uruguaya también afrontó la repesca, pero a doble partido, para obtener el boleto al Mundial de Brasil 2014. En aquel viaje de ida a Jordania la comitiva charrúa solo estuvo conformada por 45 integrantes, aproximadamente, sin familiares ni amigos, según fuentes uruguayas. Algo similar ocurrió en 2009 cuando la Celeste tuvo que viajar a San José para enfrentar en la ida a Costa Rica por el repechaje al Mundial de Sudáfrica 2010.

Pero quizá un mejor paralelo pueda hacerse con la repesca del 2005. Uruguay tuvo que viajar a Sidney para sellar su clasificación al Mundial de Alemania 2006 tras derrotar en casa 1-0 a Australia. Los viajeros no fueron más de 40. El propio Jorge Fossati, ex director técnico de aquella selección uruguaya, le contó a Sudor que las condiciones económicas de la Asociación Uruguaya de Fútbol limitaron todo. “No más de 30 seríamos, más o menos. Jugadores, un dirigente, creo, una persona de seguridad y el cuerpo técnico y médico. Seríamos 35, pero son momentos diferentes. Hoy viajan en chárter. En ese momento fuimos en vuelo comercial, en económica, pero era así porque en ese momento la Asociación Uruguay de Fútbol era un caos“, explica. Y Fosatti sabe de lo que habla.

A Uruguay le tocó jugar cuatro repechajes en los últimos veinte años. En todos los casos viajó con delegaciones que no superaban las 50 personas. OVACIÓN / EL PAÍS DE URUGUAY

Uruguay ha tenido que jugar cuatro veces el repechaje mundialista contra seleccionados de otras confederaciones. A las repescas del 2005 y 2013 se le suman las del 2001, ante Australia en Melbourne, y la del 2009, ante Costa Rica en San José. En todos los casos el grupo de viajeros no incluyó a personas ajenas; a lo sumo algunos cuantos dirigentes invitados y hombres de prensa. Ernesto Faría, periodista de radio Universal de Montevideo, lo detalla así: “Las delegaciones con familia, no. No era necesario. Si había algún familiar era porque viajó por cuenta propia. A lo mucho se veía a un presidente de delegación y cuatro o cinco dirigentes que acompañaban. En los casos en los que se contrató un chárter para 50 o 60 personas, la delegación (deportiva) llegaba a 35 personas y los cupos restantes se los vendían a periodistas o empresarios”.

A Colombia le tocó vivir un episodio similar algunos años antes. En 1989 disputó ante Israel la repesca intercontinental. Eran otras épocas, por supuesto. Pero en esa ocasión, con todo el júbilo de poder volver a un Mundial después de 28 años, la Federación Colombiana de Fútbol optó por una delegación que no superaba los 50 miembros. El periodista Daniel Samper Pizano, presente en el estadio Ramat Gan de Tel Aviv, donde Colombia selló su pase al Mundial de Italia 1990, corrobora este dato: “Yo diría que había unas 30 personas aparte de los futbolistas y de los técnicos y tal”, recuerda.

Una dosis de ilusión y optimismo nunca vienen mal. En eso estamos de acuerdo. Pero a la luz de los observado en otros casos quizá lo más adecuado haya sido blindar un poco más a los seleccionados de esa efervescencia triunfalista que medio país exudaba en los días previos al partido decisivo ante Australia, y que naturalmente se iba a sentir en el contacto con el entorno más próximo. Y para eso no era necesario desempolvar los antecedentes de Uruguay y Colombia. En 1997, nos tocó viajar a Santiago para una final adelantada ante Chile por el último cupo al Mundial de Francia 1998. El vuelo comercial se terminó convirtiendo en una fiesta adelantada. Ganadores de sorteos, políticos (incluida Keiko Fujimori, entonces Primera Dama de la Nación), empresarios y hasta rostros televisivos. Y ya todos sabemos cómo terminó esa historia.

Si aquella vez el avión de regreso de Santiago de Chile fue una especie de funeral en las alturas, según han relatado algunos presentes; ahora el regreso de veinte horas de Doha a Lima pareció más un velatorio en el que pocos pudieron pegar un ojo. Lo único memorable acabó siendo una escala en una pequeña ciudad de Cabo Verde, en medio del Atlántico, para recargar combustible. El nombre del lugar quizá haya sido algo más que una simple travesura del destino: La isla de sal. ~

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