Después de semanas marcadas por la incertidumbre institucional y la expectativa pública, el 2026 comienza a delinear un nuevo horizonte para la Selección Peruana de Fútbol. Aunque el anuncio oficial aún está pendiente, una conferencia de prensa programada para esta tarde activó las alertas en torno a la inminente presentación del nuevo entrenador de la Bicolor. A ello se sumó la confirmación de diversos periodistas, que adelantaron el nombre del elegido: Mano Menezes será el encargado de liderar el proyecto que la FPF impulsa con la mirada puesta en el próximo Mundial.
El desafío que asume Menezes es estructural y simbólico a la vez. Recibe a un equipo emocionalmente golpeado tras una de las campañas más deficitarias de su historia reciente. El último proceso clasificatorio se convirtió en una pesadilla estadística para Perú, que cerró en un doloroso penúltimo lugar (9°) con apenas 12 puntos en 18 jornadas. Más que un fracaso aislado, el registro expuso grietas profundas en la planificación deportiva y en la competitividad del plantel.
Los números —2 victorias, 6 empates y 10 derrotas— no solo sellaron la eliminación mundialista, sino que evidenciaron la necesidad de una reingeniería integral. En ese contexto, la elección recae en un técnico curtido en procesos de reconstrucción. Menezes no es ajeno a la presión de las grandes camisetas: dirigió a Brasil entre 2010 y 2012, ciclo en el que acumuló 21 victorias en 33 partidos, experiencia que lo formó en la gestión de vestuarios complejos y de expectativas desbordadas, un atributo que la dirección deportiva de la FPF habría priorizado sobre otros perfiles con mayor proyección pero menor recorrido.
A nivel de clubes, su trayectoria lo posiciona como un especialista en rescatar proyectos en crisis, un rasgo que dialoga con la coyuntura actual de la Blanquirroja. Su consolidación comenzó en Gremio, institución a la que tomó en la Segunda División en 2005 para devolverla a la élite y sostenerla competitiva durante tres temporadas. Ese antecedente construyó la imagen de un técnico capaz de imponer orden, disciplina táctica y resultados en escenarios adversos.
El siguiente capítulo fue Corinthians, donde reafirmó su perfil ganador al conquistar la Serie B y, posteriormente, la Copa de Brasil. Su énfasis en estructuras defensivas sólidas y en la optimización de recursos también rindió frutos en Cruzeiro, donde sumó nuevos títulos y reforzó su reputación como estratega eficaz en torneos cortos y de eliminación directa, formatos en los que Perú ha mostrado fragilidades recientes.
La carrera de Menezes también incorpora experiencias fuera del eje sudamericano. Su paso por el Shandong Luneng de la Superliga China y por el Al Nassr de Arabia Saudita amplió su lectura del juego en contextos culturales y competitivos diversos, dotándolo de una perspectiva global acorde con la evolución del fútbol contemporáneo. Esa exposición internacional es interpretada como un activo para gestionar planteles híbridos y adaptarse a nuevas dinámicas de preparación.
En su etapa más reciente, el entrenador se mantuvo activo en el Brasileirão al frente de clubes como Internacional, Fluminense y en un retorno a Gremio hasta finales de 2025, confirmando su vigencia en una de las ligas más exigentes del continente. Ese recorrido inmediato refuerza la idea de un técnico actualizado, con contacto permanente con la alta competencia.
La presentación oficial está prevista para esta tarde en un hotel de San Isidro, habitual centro de operaciones de la selección. Allí, ante cámaras y reflectores, Mano Menezes ofrecerá sus primeras declaraciones como conductor de la Bicolor. Más que un acto protocolar, el evento simboliza el inicio de una etapa que promete orden metodológico y reconstrucción progresiva, con la aspiración de que los 12 puntos del último ciclo queden como referencia de un pasado a superar en el camino hacia 2030.

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