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Arturo Vidal: ¿ un caso de ludopatía y dipsomanía?

Arturo Vidal: ¿ un caso de ludopatía y dipsomanía?

 victor sforziniPor Víctor Sforzini (Experto en terapias deportivas y comunicación de masas)

Alguna vez escribí que los futuros campeones serían aquellos fanáticos por el logro, ambiciosos, repetitivos, es decir, predecía el arribo de los obsesivos compulsivos al deporte de élite, sea cual fuere su especialidad, y aquí encontramos la relación directa de algunos de nuestros deportistas con sus aficiones al juego, (casinos) a la hípica y al alcohol.

También hemos señalado en innúmeros artículos lo que el estrés competitivo puede producir en los atletas de alto rendimiento, distorsionando sus conductas, y con la desgracia que allí estamos como jueces severos y sádicos para caer encima de los gladiadores del presente, ya que los queremos perfectos, olvidándo que muchos ante un exámen, una entrevista de trabajo, un discurso ante una insignificante audiencia le lleva a beber, drogarse, sufrir de insomnio, gula, falta de apetito, inhibición del deseo sexual y tantos otros trastornos. Por ello éste artículo pretende, tal como ha sido mi trayectoria en la sociedad chilena, entregar elementos racionales de lo que sucede cuando llegamos al éxito, cuando coronamos las cimas que siempre soñamos. Vamos a los nuestro:

Una de las mayores aprehensiones que tienen las familias respecto la asistencia permanente  a la hípica al igual que a los casinos de algún miembro de ella, es la relación juego-apuesta y la consecuente  pérdida económica a veces realmente desastrosa.

Hemos querido plantearnos la interrogante de que tan cierto es este temor, y ¿cuales son los motivos que llevan a algunos a apostar, beber en forma compulsiva e irracional exponiendo su futuro y estabilidad deportiva?

vidal_presoTodo esto, ya que, hoy nuevamente un jugador de nuestra selección incurre en el mismo acto de “indisciplina”  que, aparentemente por las versiones entregadas, obedecen a la visita a un casino. ¿Es éste un lugar que se concurre sólo a beber? Parecería extraño viajar tan lejos cuando si de beber se trata, sobran los locales donde concurrir.

Por lo tanto, deberíamos sospechar, que en el implicado, existe una conjunción de conflictos compulsivos que serían dipsomanía, compulsión a beber y ludopatía, compulsión al juego. La hípica en si es una apuesta permanente.

Pero, deberíamos  plantearnos que existe un juego “normal” donde las apuestas están bajo un nivel de control y dicho en términos psicoanalíticos el yo tiene absoluto control de los impulsos inconscientes que podrían derivar en caso contrario en procesos autodestructivos los que nos lleva a plantearnos la existencia entonces del juego “patológico” , lo mismo es aplicable al beber.

El juego patológico, y la dipsomanía son considerados actualmente como trastornos del control de los impulsos por los sistemas de clasificación diagnósticos, posee numerosas semejanzas con los trastornos por dependencia de sustancias, por lo que las estrategias de intervención que se utilizan, derivan de la experiencia clínica en el tratamiento de las drogodependencias.

En la actualidad puede decirse sin ningún genero de dudas, que el juego patológico y el alcoholismo son un grave problema social que afecta a miles de personas en nuestro país y que provoca en los afectados importantes problemas personales, familiares, laborales y económicos y que en el caso de los deportistas de alto rendimiento o profesionales es definitivamente catastrófico.

Ahora bien debemos reconocer una incidencia universal con una afectación medible y cuantificable en tantos por ciento de la población “normal y anormal psicológicamente hablando.

El auténtico reconocimiento del juego patológico se sitúa en 1980 cuando la American Psychiatric Asscociation (APA) la introdujo bajo la denominación de «juego patológico» en su Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-III).

La persona que padece este trastorno se va haciendo de forma crónica y progresiva incapaz de resistir el impulso de jugar y como ya lo he señalado, lo mismo sucede con la afición por el alcohol.

Como grupo, los trastornos del control de los impulsos comparten una serie de características:

  1. dificultad para resistir un impulso, deseo o tentación de llevar a cabo algún acto que es dañino o perjudicial para el propio individuo o para los demás. El individuo puede ofrecer o no una resistencia consciente a dicho impulso, y la realización del acto en sí puede o no ser premeditada y planificada.
  2. en el caso que nos preocupa, al parecer hay una total incapacidad para controlar los impulsos por los actos en comento, y esperamos que el medio una vez más no minimice los hechos atribuyéndolos al origen socio-ecónomico del jugador, o a una falta de madurez, (que de hecho va implícita), si no que entendamos que los mismos elementos que componen su personalidad, aquellos que le han permitido alcanzar sus grandes y merecidos éxitos, se nos aparecen exagerados, anormales en tanto y en cuánto a los comportamientos analizados.
  3. después de realizar el acto pueden o no aparecer sentimientos negativos como arrepentimiento, autorreproches, culpa, vergüenza o remordimientos, cuando se consideran sus consecuencias.

En el caso de marras, se nos aparece como “irresistible” el deseo  que le lleva finalmente a transgredir las normas , motivo por el cual, el sentimiento de culpa o arrepentimeinto nunca ha sido del todo verdadero, más aún existe un intento de negar los hechos y la realidad, acusando, “ustedes no cuidan mi imagen”.

Además que, desgraciadamente, parte del medio se ha vendido al logro. Tan escasos estamos de éstos, que al parecer estamos dispuestos a “vender nuestra alma al diablo” con tal de asegurarnos el éxito y con ello, transitamos por la delgada línea de entregar el poder al que está distorsionado. Tan así, que este último acto es inmensamente inferior en gravedad al que ocurrió en plena Copa América, pero como sólo es un amistoso, podemos prescindir del jugador en un lavado de imagen como autoridad, absolutamente mentirosa, ya que, no existe “versión oficial de los hechos”. Eso es falta de liderazgo, es la figura de autoridad  laissez faire, (dejar pasar, dejar hacer).

Por último, otros autores han señalado que el verdadero elemento reforzante en el juego patológico no es externo (el incentivo económico), sino interno, y estaría constituido por el estado de excitación que el juego es capaz de provocar en el sistema nervioso central, de forma que una vez experimentado llevaría al jugador a buscarlo de nuevo a pesar del deterioro social y personal en el que se acaba involucrando

El juego fomenta la «ilusión de control» por parte del sujeto y la percepción de sí mismo como elemento capaz de intervenir en sus resultados, a la vez que se van desarrollando una serie de pensamientos irracionales relacionados con el juego.

A este proceso contribuyen además otros aspectos, entre los que puede citarse la presunta participación en el funcionamiento de las máquinas tragamonedas del sujeto a través de unos botones que tiene que pulsar y le hacen creer de manera errónea en que su habilidad en el manejo de esta actividad interviene en su capacidad para obtener un premio.

Cuando más se implica un jugador en un determinado juego, más pensamientos irracionales se suscitan en relación con él. Los jugadores regulares tienen más pensamientos irracionales que los jugadores ocasionales, al margen del tipo de juego, y esto les lleva a asumir más conductas de riesgo.

Otro pensamiento irracional o distorsionado en los jugadores patológicos se refiere a la evaluación sesgada de los resultados del juego, que contribuye a potenciar los pensamientos irracionales, ya que tienden a recordar las ganancias de forma selectiva y a sobrevalorarlas, mientras que infravaloran las pérdidas y las olvidan o les dan alguna explicación

Desde que la ludopatía empezó a reconocerse como un trastorno patológico, se empezaron a desarrollar diversas líneas de investigación neurobiológica en un intento de conocer sus mecanismos etiopatogénicos, destacando la investigación para esclarecer las bases neuroquímicas del trastorno.

Para comprender sin embargo las verdaderas razones hay que conocer profundamente la historia vital de nuestro apostador, sus conflictos inconscientes, sus predisposiciones neurobiológicas y genéticas .

Se ha considerado que la «excitación» provocada durante el juego sería la «droga» del jugador.

Como ocurre con otras conductas adictivas, el jugador patológico y el bebedor compulsivo, persiste en su comportamiento a pesar de las consecuencias negativas y los conflictos que éste provoca en el ámbito personal, familiar, laboral y social del individuo, que por lo general se encuentran profundamente afectados.

En un estudio de comorbilidad, los trastornos de la personalidad encontrados con más frecuencia fueron el obsesivo-compulsivo, seguido por el evitativo y el esquizoide.

 

Es responsabilidad de todos preocuparnos si vemos que en nuestra familia deportiva, hípica,  hay alguien que desborda emocionalmente en la frecuencia y los montos de sus apuestas, ya que el camino para ellos está trazado de antemano, la pérdida de sus bienes y la ruina económica para su familia y en el caso del alcoholismo es la ruina del logro, ya que éste, tarde o temprano pasa la cuenta.

 

 

Por

Víctor Sforzini

Terapeuta familiar

Post grado maestría CS

Entrenador Federado

Investigador Deportivo

Asistente Técnico de fútbol

Master Psicología del deporte ©

 

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Estudiante de comunicaciones de la Pontificia Universidad Católica, reportera del programa "EstudioEstadio" de Radio Santiago 690 AM "Me encanta hablar de fútbol, me gusta ir al estadio, jugarlo y hablar de sistemas de juegos y talentos individuales".

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